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Y está claro que ello no puede ser así, pues sin dar más detalles, se corre el riesgo de recorrer el camino de disparates que estamos viviendo; y es que en esa obnubilación por la competencia se marginan parámetros fundamentales que convierten directamente la competitividad en salvaje selección natural. Ello sucede cuando los empresarios de los Países desarrollados importan de Países subdesarrollados productos manufacturados o no, introduciéndolos en el mercado a un coste de origen muy bajo, incrementado con el Beneficio del importador, y que situado estratégicamente a un precio de venta inferior al de la producción interior, acaba hundiendo las empresas interiores del Sector en cuestión,…y todo ello con el conocimiento pleno por parte del “Gobierno” de lo que está sucediendo, pues ellos mismos o sus “benefactores”, son los que están al frente del negocio.
Los detalles. Sí, en los detalles está precisamente la malicia de todo este tonto pero enormemente antisocial engranaje. El empresario del País desarrollado paga al establecer un negocio enormes gastos de apertura, tiempos muertos, vencer cantidad de burocracia, etc.,… pero ahí no acaba todo: ahí empieza todo; luego hay que contratar personal conforme a las reglamentaciones existentes, pagar la Seguridad Social del personal, vacaciones, verificar que todo el personal no inscrito en su Empresa, pero que tenga que acometer cualquier trabajo en la misma, esté al corriente del pago de sus Seguros Sociales (TC1 y TC2), declaración periódica del IVA, impuesto de beneficios, soportar gastos concernientes a las estructuras Sindicales, ídem provenientes de los acuerdos tomados entre Empresas y Sindicatos, etc., etc., y por último, y finalmente, la persona física “empresario” deberá hacer su “Declaración de Hacienda” correspondiente. El empresario del País subdesarrollado es ajeno a la mayor parte de las cargas sociales e impositivas antedichas, aparte de “soportar” una libertad total en la cuantía de sueldos, libertad de intensidad y calidad de horarios, etc., etc.
¿Es lógico que en exaltación de la bandera de la competitividad, las dos opciones concurran tal cual al ruedo del mercado del País desarrollado?. Es claro que no, pues en ese caso ocurrirá lo que ya está ocurriendo, provocándose la ruina inapelable del primero, y el mantenimiento de las condiciones miserables de trabajo en el personal del segundo. Parece que la situación se haría normal si a los géneros importados se les hiciera pagar el arancel que hiciera la comparación equivalente, con lo que entonces tales géneros ya no resultarían “competitivos”, desapareciendo el problema, con lo que al País subdesarrollado le traería más cuenta ir haciéndose poco a poco “equiparable”, saliendo así de su nicho antisocial. Naturalmente, los aranceles deberían ser tales, y dedicados a, que bajaran los costes de los productos del País desarrollado, sin necesidad de rebajar los beneficios sociales adquiridos.
Pero el problema no solo no ha desaparecido, pues la simple solución matemático-arancelaria no se ha producido,…ni se producirá (¿?), sino que además, tal lucha desigualada y salvaje ha acelerado la inclinación inicial existente hacia la automatización e informatización de las Empresas, dando lugar a que el buen Empleo disminuya de manera imparable, y el poco que queda se vaya transformando en empleo-basura.
Esos Administradores llamados nuestros “Gobernantes”, verdaderos rateros de esta economía de mercado, de su mercado, bien porque estén directamente implicados, o al servicio del “sistema”, …del suyo, no dan muestra de hechos, ni de actitud, de querer cambiar su insaciable apetito de dinero, llevándonos poco a poco hacia el más seguro desastre.
Saludos.jcm
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