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Modos de ver el mundo
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En filosofia se habla de la reificación del individuo, el hombre y la mujer reducidos a la condición de cosa, de objeto. ¿Qué nos hace pensar que somos objetos?
Para responder a esta cuestión sería bueno realizar un breve análisis de nuestra relación con el tiempo. Tendemos a pensar que nacemos en el tiempo o que hemos sido creados en el tiempo. Una vez ubicados en la existencia nos insertamos en un sistema de pensamiento que cree que el tiempo nos precede, que hubo un pasado, un ayer, y que el devenir de los acontecimientos sigue un camino lineal que arranca del ayer y culmina en el futuro. El tiempo implica creación, un comienzo, y como no logramos divisar ese comienzo pensamos que hay un creador. En esta parte del mundo a ese creador lo llamamos Dios pero en otros lugares lo llaman de otra forma, y en otros sitios no lo nombran pero no por eso dejan de creer en una causa primera. Por todo ello deducimos que cada ser animado o inanimado son manifestaciones, cosas u objetos de ese creador.
Si enfocamos este asunto al revés y partimos de la base que somos cada uno de nosotros quienes damos origen al tiempo y a la creación, entonces dejamos de ser objetos, cosas, para convertirnos en artesanos de nuestra existencia. Y es que si no hay un yo no hay nada: ni tiempo ni espacio ni sujeto ni objeto. Para que haya algo ha de haber un yo. La creación se despliega desde el yo y no al revés. Es el sujeto quien crea su universo.
Lo que comenzó con una interpretación sensible (de los sentidos) se ha convertido en un dogma o en un concepto o en un "a priori." La cosificación del individuo se origina por una percepción errónea del tiempo y el espacio. Si afirmo que nada hay sin un yo que le otorgue sentido a lo que me rodea, y teniendo en cuenta que lo que nos rodea no parece tener principio ni final, he de concluir que somos no-creados e infinitos. Los big-bangs hay que entenderlos como proyecciones de nuestra infinitud en el ser. Es el/nuestro ser quien crea el espacio-tiempo.
La visión correcta de la realidad implica un universal. Si todos coincidimos en observar lo que nos rodea de un modo similar, entonces sería posible unificar los criterios perceptivos de la actividad humana. La ciencia, la política, el arte, la filosofía o la religión se constituirían en creaciones del sujeto real, del yo real. El conocimiento humano no serían cosas, objetos, datos nebulosos, sino realidades vivientes emanadas de sujetos despiertos y no atrapados en las viejas y estériles percepciones fenoménicas. Así, y por poner un ejemplo, el pintor, el político o el científico al tiempo que desarrollan su labor también se conocen a sí mismos pues no realizan su actividad "fuera de ellos" (en el cuadro, el parlamento, el laboratorio) sino que el cuadro, el parlamento y el laboratorio son ellos mismos. En tal perspectiva no hay alienación, cisura, fragmentación. De este modo la sociedad, el planeta o la galaxia son la extensión de nuestro cuerpo individual, no se hallan "fuera."
Ya no es de recibo que un intelectual o un científico ignore como se halla situado respecto de la realidad. El científico o el filósofo o el sociólogo no deben considerar la materia o la sociedad algo ajeno o externo a ellos. Cualquier teoría que no contemple la naturaleza como un cuerpo regido por la unidad, a pesar de sus diferencias formales o funcionales, es una teoría inservible. Si bien la naturaleza se nos presenta fractalizada y en permanente cambio, el sujeto o el yo que la percibe son permanentes y reales. La materia, los minerales, los vegetales, el agua, no son cosas, objetos, materias primas. La naturaleza y sus componentes son nuestros dientes, estómagos, brazos y piernas. No es un organismo ajeno sino que somos nosotros mismos.
La conciencia es el principal obstáculo al despliegue de la visión real. La conciencia crea sus contenidos: imágenes, memorias, proyecciones, etc. La conciencia es su contenido. Si no hubiese acumulación de contenidos habría vacío, silencio, calma. El pensamiento funciona por identificación: soy listo o tonto, rico o pobre, capitalista o comunista, del Madrid o del Barsa, guapo o feo, etc. O sea, el perceptor se identifica con lo percibido. Sin embargo, más allá de las identificaciones primarias se halla el silencio. En ese vacío la conciencia ya no puede decir "soy esto o lo otro", sino que dice: "yo soy".
Es decir, yo soy lo que soy más allá de los contenidos de mi conciencia. Me convierto entonces en percepción pura. Esa es la visión real: una mente libre de contenidos, de identificaciones, de ruido. Lo real surge de la anulación de los contenidos de la mente. Lo real surge del silencio.
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» Modos de ver el mundo « - Heriberto - 10/10/2003 19:58