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Miseria y muerte
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Hace algún tiempo estaba yo repartiendo un folleto informando sobre los métodos anticonceptivos en mercado de La Lagunilla, el “Rastro” de la ciudad de México, cinco veces mayor que Madrid.
El gentío apenas me dejaba estirar la mano para entregarlo. Se me acercó un señor y me gritó: “¡Cómo puede dar eso! ¡Se va a acabar el mundo!”.
“¿Qué dice?”
“¡Que se va a acabar el mundo!”
“Perdone —insistí también yo—, no le oigo con tanta gente: ¿qué dice?”
Me miró y, cayendo en la cuenta, avergonzado, se retiró.
Calcuta ha sido llamada con razón la “capital mundial de la población”, y la supercapital de la miseria y la muerte. La Madre Teresa ayudó, con sus monjas, a unos 22.000 enfermos “a bien morir”, como se decía en tiempos de más fe, que ella practicaba tanto.
Más aún, su fe inmensa hizo de la Madre Teresa un apóstol mundial, no sólo contra el aborto, sino contra la anticoncepción: contribuyó pues eficazmente a hacer venir al mundo —ahí y en otras partes— a muchos más pobres que ayudó a morir.
Yo, como decía aquel indio al morir “ajusticiado” por los cristianos españoles, no quiero ir al mismo cielo donde vayan quienes tiene esa fe, esa justicia y esa caridad.
J. Trigo Tubau
Carta publicada en 1997 por un lector en el periódico DIARIO 16, poco después de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta. Hoy el Santo Padre ha beatificado a esta mujer, amigo Tubau, y yo me he acordado de usted, y de aquel indio y de muchas otras cosas :)