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A Diógenes de Sínope, a juzgar por su biografía, sólo cabe alabarle. De jóven tuvo que abandonar su ciudad en compañía de su padre ya que ambos fueron acusados de falsificar moneda. A pesar de que adujeron en su defensa que el Oráculo los animó a ello, tuvieron que poner tierra de por medio. En Atenas conoció a Antístenes (que fue discípulo de Sócrates) y al que se le atribuye la fundación de la escuela cínica. Antístenes recibió al bueno de Diógenes a bastonazos por razones que no han pasado a la posteridad, pero debido a su constancia al fin se le acogíó en la grey cínica. En uno de sus numerosos viajes fue encarcelado y vendido como esclavo. Cuando su comprador le preguntó que sabía hacer, la respuesta de Diógenes fue contundente: "Mandar". Su respuesta gustó a su comprador que lo nombró preceptor de sus hijos. Murió anciano en Corinto, al parecer el mismo dia que lo hiciera Alejandro, según algunos de viejo y según otros porque contuvo la respiración. Alejandro lo admiraba al punto de exclamar: "Si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes."
Sin patria, sin ciudad, sin casa, pobre, vagabundo y viviendo al día, así se pinta a sí mismo. El discípulo más célebre de Diógenes fue Crates de Tebas. Éste pertenecía a una rica familia y abandonó su fortuna para seguir la ascética de su maestro. Se cuenta que después de haber arrasado Tebas Alejandro le preguntó a Crates si deseaba que reconstruyese la ciudad. Crates lo miró a los ojos y le dijo: "¿Para qué?, vendrá otro Alejandro y la destruirá de nuevo." Despreciaba a los militares a los que consideraba conductores de asnos.
Crates tuvo una discípula tebana y de noble familia llamada Hiparchia. Ésta no sólo admiraba su apuesta filosófica y existencial sino que estaba enamorada de él. Alarmado, el padre de Hiparchia le rogó a Crates que se alejase de ella; el filósofo lo intentó infructuosamente hasta que un día se mostró desnudo ante ella y le dijo: " He aquí tu novio y cuanto posee, elige en consecuencia porque no serás mi compañera si no compartes mi modo de vida." Ella no lo dudó un instante y se casó con él.
Llevaron una vida de cínicos, sin esconderse de los demás, comiendo y copulando al aire libre, pues, decían, los cínicos son capaces de vivir en casas de vidrio. Hiparchia era plenamente consciente de su doble papel revolucionario (filósofa y emancipada en una sociedad machista). Uno de sus coetáneos, Teodoro el Ateo, que solía hostigarla y burlarse de ella recibió la siguiente respuesta: "¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora"?
Otro discípulo renombrado de Crates fue Zenon de Citio, el fundador de la escuela estoica.
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