TraveLer     Fecha  21/03/2002 14:16 
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Volver al foro Responder Filosofía, Arte y Ciencia   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Una vez derribado el totalitarismo de la ideología de la ciencia que la considera por encima de todos los saberes con una preeminencia lógica infundada, el panorama que queda no es un nihilismo desolador donde el conocimiento no es posible, sino todo lo contrario. A nuestros ojos se abren infinidad de posibilidades y se ha descubierto un espacio de conocimiento fertil y creativo.

Lo que me interesa son las relaciones entre el arte, la ciencia y la filósofía una vez determinado que no hay privilegio de unas sobre otras. Todas son creadoras. El auténtico objeto de la ciencia es crear funciones, el verdadero objeto del arte crear agregados sensibles, y el objeto de la filosofía es crear conceptos. A partir de ahí, tomando estos grandes rótulos (función, agregado, concepto), aunque sean muy esquemáticos, puede plantearse la cuestión de los ecos y las resonancias que se dan entre esas actividades. ¿Cómo es posible que, en líneas completamente diferentes, con ritmos y movimientos de producción totalemente distintos, se produzca el encuentro entre un concepto, un agregado y una función?

Primer ejemplo. Existe en matemáticas un espacio llamado "espacio de Riemann". Perfectamente definido mediante funciones, desde el punto de vista matemático, un espacio de este tipo implica la constitución de pequeños fragmentos cuyas conexiones pueden efectuarse de infinitas maneras (lo que hizo posible, entre otras cosas, la teoría de la relatividad). Ahora bien, tomando el caso del cine moderno, constatamos que después de la segunda guerra mundial aparece un tipo de espacio que procede mediante aproximaciones de tal modo que las conexiones de un fragmento con otro pueden realizarse de infinitas maneras no predeterminadas. Son espacios inconexos. Parecería una simpleza decir es un espacio de Riemann, sin embargo, en cierto modo, lo es exactamente. No es que el cine haga lo mismo que Riemann. Pero, consoderando unicamente esta determinación espacial de proximidades que ofrecen infinitas posibilidades de conexión, inmediaciones visuales y sonoras enlazadas de forma táctil, obtenemos el espacio de Bresson. Cierto que Bresson no es Riemann, pero hace en el cine lo mismo que se hizo en las matemáticas. Tomemos ahora el caso de "El AntiEdipo" de Deleuze y Guattari, en el se postula la idea de una realidad psicosocial inmanente completamente inensencial puesto que está compuesta de "máquinas", es decir de puntos productivos interconectados entre sí, a priori entre ellos las combinaciones son infinitas y sus conexiones finales no están preprogramadas aunque están determinadas por sus posiciones y formatos respectivos... Hay un eco entre ambas formas de proceder.

Otro ejemplo: Hay en física siertos fenómenos que me interesan mucho, y que han sido analizados por Prigogine y Stengers, lo que se conoce como "la transformación del panadero". Tomemos un cuadrado y estirémoslo hasta convertirlo en rectángulo; dividamos después en dos el rectangulo y proyectemos una de sus mitades sobre la otra, volviendo a estirar el cuadro y por tanto modificándolo constantemente: es lo que se hace al amasar el pan. Después de un cierto número de transformaciones, dos puntos cualesquiera (no importa cuan próximos estuvieran en el cuadrado original), se encontrarán cada uno de ellos en una mitad distinta. Hay todo un cálculo de este tipo de objeto, al que Prigogine, en función de la física probabilística, otorga una extrema importancia.
Pasemos ahora a Resnais. En su película "Te amo, te amo", vemos al héroe transportado a un cierto instante de su vida, instante que se considerará cada vez desde diferentes conjuntos. Son capas que se redistribuyen, se modifican y se traman constantemente, de modo que lo que en una capa está próximo en otra aparecerá muy lejano. Es una concepción muy sorprendente del tiempo, cinematográficamente muy curiosa y de la cual constituye como un eco "la transformación del panadero". Hasta el punto de que no me parece exagerado decir que Resnais está próximo a Prigogine, así como Godard, por otros motivos, está próximo a Thom.

No digo que Resnais haga como Prigogine, Godard como Thom, o Bresson como Riemann o Deleuze, sólo constato que entre los científicos creadores de funciones, los creadores de imágenes cinemátograficas y los filósofos creadores de conceptos hay extraordinarias semejanzas.

Hay dos tipos de nociones científicas: aunque en concepto esten siempre mezcladas. Hay nociones exactas por naturaleza, cuantitativas, ecuacionales, que carecen de sentido fuera de su exactitud: los escritores o los filósofos no pueden usarlas más que metafóricamente, y se trata de una mala metafóra, porque pertenecen a la ciencia exacta. Pero hay también nociones fundamentalmente inexactas, que no obstante son perfectamente rigurosas, nociones de las que los científicos no pueden prescindir, y que pertenecen al mismo tiempo a los científicos, los artistas y los filósofos. Estas nociones poseen un rigor que no es exactamente científico, de tal modo que, cuando el científico alcanza estas nociones se convierte también en filósofo o en artista. Estos conceptos no son indecisos por alguna carencia sino más bien por su naturaleza y por su contenido.
Volvamos por ejemplo a Prigogine -para los obsesos del argumento de autoridad: premio nobel de química por su investigación de los procesos termodinámicos-: Crea entre otros el concepto de "zona de bifurcación" (recuerdesé "El Jardin de los Senderos que se Bifurcan" de Borges). Prigogine crea este concepto desde los fundamentos de la termodinámica en los que, como se entenderá, es especialista, pero se trata justamente de un concepto que es indiscerniblemente científico, filosófico y artístico, no es que yo lo use así para extrapolarlo a otros ámbitos es que tal y como el propio Prigogine lo construye y lo concibe es así, de hecho. Y viceversa: tampoco es imposible que un filósofo cree conceptos cientificamente útiles. Ha sucedido numerosas veces. Por poner un ejemplo que ya hemos usados Bergson y su filósofía-psicología no solo ha dado muchos conceptos a la psiquiatría moderna sino que fue uno de los inspiradores del ya mencionado matemático Riemann. No se trata en absoluto de proceder de una falsa unidad que no beneficiaría a nadie, trata de que ciertos trabajos producen convergencias inesperadas, nuevas consecuencias, enlaces entre campos diversos. Nadie -ni la ciencia, ni la filosofía, ni el arte o la literatura- goza de privilegios en este sentido.


La filofía, el arte y la ciencia mantienen relaciones de mutua resonancia, relaciones de intercambio, pero por razones intrinsecas en cada caso. Unos repercuten en otros en función de su evolución propia. En este sentido, hay que considerar el arte, la ciencia y la filosofía como líneas melódicas, ajenas unas a otras, pero que no dejan de interferirse. En este contexto la filosofía no tiene ningún pseudo-primaro reflexivo ni, en consecuencia, ninguna inferioridad creativa. Crear conceptos no es menos difícil que crear nuevas combinaciones visuales, sonoras, o nuevas funciones científicas. Es preciso comprender que las interferencias de estas líneas no derivande una vigilancia o de una reflxión mutua. Una disciplina que tuviese por misión seguir un determinado movimiento creativo proviniente del exterior estaría abandonando, al hacerlo, toda actitud creativa. Nunca ha sido más importante seguir los pasos del vecino que hacer cada uno sus propios movimientos. Si nadie empieza nadie se mueve. Las interferencias ni siquiera son intercambios: todo tiene lugar mediante donación y captura.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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