Heriberto     Fecha  14/10/2003 21:38 
Host: 80.58.20.44.proxycache.rima-tde.net    IP: 81.40.242.186    Sistema: Windows 98


Volver al foro Responder El pensamiento como problema   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
Las viejas querellas, lejos de ser superadas, se reproducen una y otra vez. Izquierda, centro y derecha; ateos y creyentes; socialdemócratas y liberales; globalizadores y antiglobalizadores, etc. Sin embargo pocos reparan en qué el causante de nuestras tragedias es el pensamiento, la mente. El pensamiento es un instrumento muy poderoso (a veces un arma), que ha hecho que los humanos nos hayamos situado en lo alto de la escala evolutiva a la vez que ha permitido, con mejor o peor suerte, la organización política y técnica de miles de millones de individuos.

El pensamiento es una estructura conservadora, protectora, aferrada y programada a la supervivencia. Por otro lado, y debido a su potencia funcional, la mente se ha desgajado de la realidad y ha creado otra, una visión paralela y sobreimpuesta que se caracteriza por su dualismo, fragmentación y sectarismo.
Lo real no es percibido en su pureza pues se interpone el filtro de la conciencia. De modo que cuando creemos observar la realidad en su desnudez, lo que hacemos es ver la interpretación que de esa realidad efectúa la mente. Como consecuencia nos movemos (al tiempo que creamos)un mundo onírico, lleno de espejismos, y donde las percepciones clarividentes escasean.

El funcionamiento dual del pensamiento es un serio obstáculo a la hora de abordar la actividad política. No es que sea imposible arbitrar una convivencia política pacífica, de hecho es fácil, el problema es que nos duele reconocer que el pensamiento no es la herramienta más adecuada para el despliegue de una manera razonable de hacer política. Pero como no podemos prescindir de la razón ya que es la única herramienta que poseemos, procede pues, en un ejercicio de humildad, reconocer sin ambages nuestra estupidez congénita. Aceptar nuestra condición de estúpidos permitiría sentar las bases de un desarrollo pacífico y sensato de la política.

Si nos reconocemos sectarios, propensos al fanatismo, arrogantes y crueles, ya hemos dado un gran paso. A partir de ahí podemos alcanzar un acuerdo de mínimos. Las actitudes o proclamas excluyentes e intolerantes no deben ser contempladas en ese acuerdo de mínimos. La experiencia nos muestra que las polarizaciones y radicalizaciones dejan muchas víctimas por el camino. Calumnias, envidias o críticas viscerales a personajes de probada honestidad sólo contribuyen a echar leña al fuego. Si me veo en la triste tarea de criticar a Semprún o a Saramago porque considero que sus comportamientos no son, bajo mi punto de vista, los más correctos pues lo hago y perfecto. Pero si critico a Saramago o a Semprún para poner a Castro como referente, entonces mi crítica vendría viciada por el fanatismo o el onirismo. Entre Semprún y Castro un término medio; entre Saramago y Castro un término medio. Que no se me diga que no hay términos medios, puntos de encuentro, coincidencias, pues de no haberlos los acuerdos políticos son imposibles de antemano.

Cada fracaso político nos remite a la incapacidad de la razón para resolver los problemas que nos atenazan. Cada éxito que conseguimos colectivamente nos señala un manejo adecuado de la mente. Si el pensamiento es dual, seamos integradores; si el pensamiento es sectario, seamos ecuménicos; si la razón es egótica, seamos generosos. Alcancemos acuerdos de mínimos, y cumplámoslos.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

Respuestas (5)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje