En este día gris la luz no está, pasé noches llorando y no encontraba la paz que hay en mi interior.
Un día, mis ojos se abrieron, y allí estaba, como si quisiera roblarle al tiempo una sonrisa.
Comenzamos a hablar, fue, precioso ese momento, mi corazón ardía y ardían los países del amor.
Surgió como un compromiso, las rosas y los claveles, comprometiéndose con su amor eterno. Mi voz, se perdía pero su silencio me decía que allí estaba ella. Mi amor se desprendia de mi ser, y la sentía dentro mía.
El color de sus ojos, sus mejillas, temblaba al oír su voz, mi voz volvia pero no podia decirle que la amaba.
Me retorcía el estomago, sentía dolor angustia, pero es que yo la amo.
A veces, la nombro, y en sueños, sigo contemplándola como es, una compañera de trabajo.
Mi llanto, no rinde para más lágrimas, me vence el dolor.
Me castigo con mis propias manos y endurezco mi corazón, pues no quiero verla, ya que no me quiere, como yo la quiero.
Ya tiene otro hombre con el que se va a casar, según sus palabras de su boca.
Si siento miedo, en mi soledad me lo quito.
Retrocedo, pienso, actuo, ¿qué debo hacer, si la quiero?
Finjo que estoy bien, aprovecho ese momento para mirarla a los ojos y cuando ella me mira, inclino la cabeza al suelo y aparto mi mirada.
Y sigo pensando en ella como una flor, que deshace sus pétalos, con cada lágrima que del cielo va cayendo.
Y la escribo, con la fina pluma de mi cariño, esperando a que algun día sus brazos abracen mi cuerpo.
Te quiero compañera.
Respuestas (1)
» Fuiste tú la primera compañera joven « - Javier Juárez Acero - 8/11/2009 23:37