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El dolor es muy mayor pues deseo esa mujer, que rece por mi todos los días.
Se le nota en su hablar, quizás sea mi oido, pero al final me he enamorado y quizás sea mi alma.
El pulmón que me da la vida es su pulmón, que me hace respirar, día y noche.
Esa mujer se ha quedado prendida como un alfiler, en mi jersey.
Se marca en mi vida y me hace respirar, en mi disgusto una sonrisa, que me aliviará las penas.
El pulmón que me da la vida me ata y no me deja ir, pero con ella puedo volar sus ojos renacen en mi pecho y sus labios son perlas del mar.
Como un compañero, rezando por sus besos.
El pulmón que me da la vida, lleva su nombre, escrito en mi piel.
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