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Paco «el Gitano», el rey calzado
Hay personajes tan singulares que son difíciles de olvidar
25.05.2014 | 10:09

Gerardo González Calvo GERARDO GONZÁLEZ CALVO Cuando acabé de leer el libro de Ildefonso Falcones «La reina descalza», que es un canto a la lucha por la libertad y a su modo de vida de los gitanos de Triana a mediados del siglo XVIII, se me vino a la mente la figura de un famoso personaje gitano que vivió y chalaneó en la feria de Manganeses de la Lampreana a mediados del siglo XX. Su nombre era Francisco López, pero todo el mundo lo llamaba Paco «el Gitano». Era un hombre desenvuelto y avispado. Es probable que no supiera leer y escribir, como el Melchor trianero de la novela de Falcones, pero de la vida y de las caballerías sabía más que los maestros y los veterinarios.

Paco «el Gitano» y sus hijos tenían una devoción inconmensurable a la Virgen del Templo, patrona de la villa de Pajares de la Lampreana y de la Tierra del Pan. Cuando en la familia de Paco «el Gitano» había algún problema, le hacían a la Virgen una promesa. Un día Paco «el Gitano» fue con tres de sus hijos a Pajares de la Lampreana a rezarle a la Virgen. Recorrieron a pie y descalzos los cuatro kilómetros que hay desde Manganeses a Pajares, tirando del ronzal de cuatro burros. Antes de acercarse a la ermita dejaron los burros sin estacas ni entrabas al lado de una tierra sembrada de cebada. Alguien los vio y avisó al alcalde, que fue en donde estaban los burros y esperó. Al cabo de un buen rato llegó Paco «el Gitano» con sus tres hijos.

«Paco -le dijo el alcalde-, si fuera mía la tierra, podría pasarlo por alto, pero como no es mía te tengo que denunciar». El gitano chasqueó la lengua, abrió los brazos y le comentó: «Amigo, haz lo que tengas que hacer. Yo soy la mantequilla y tú tienes el cuchillo en la mano; corta por donde quieras».

La respuesta dejó al alcalde desconcertado. Solo acertó a replicar: «Veré lo que puedo hacer». Los tres hijos ya tenían los burros cogidos del ronzal. Hacía pocas semanas el alcalde le había comprado a Paco «el Gitano» una potra en la feria del 28 y estaba muy satisfecho con ella. Era una jaca ibérica de buena estampa y de piel oscura, entre el negro y el bayo. Mientras hacían el trato, Paco «el Gitano» le comentó ante los titubeos del alcalde: «Mira, amigo, si golpeas demasiado un clavo incrustado en una tabla, siempre quiebra la tabla. Hazme caso, yo soy la tabla y tú eres el clavo. ¿Entiendes lo que te quiero decir? La potra es lo mejor que he visto en mi vida, y lo bueno tiene un precio».

La procedencia de Paco «el Gitano» no la sabía nadie. Llegó un día a Manganeses de la Lampreana con su mujer, compraron una casa y se instalaron en el pueblo. Era el indiscutible rey del 28, así llamada la feria porque se celebraba ese día de cada mes. Iba también al 12 de Zamora con una reata de burros, mulas y caballos. Chalaneaba, vendía y compraba con parsimonia. Engañaba hasta cierto punto, porque su filosofía ancestral era que «si un gitano no engaña a un payo no es un buen gitano».

Cuando le comenté estas anécdotas a uno de sus hijos, que tiene un puesto de relojes de bolsillo en el Rastro de Madrid, se emocionó y me aseguró: «Mi padre era un gran señor, apreciado en toda la Tierra del Pan. Era tanto su prestigio que algunos gitanos asentados en Zamora y Toro se quisieron hacer pasar por sus hijos».

Sí, señor, un tratante como Dios manda. Conocí a Paco «el Gitano» en la casa de mis padres. Vestía como siempre un traje con corbata y llevaba en la mano un bastón de caña de bambú. Mi padre fue a buscarlo a Manganeses para que le echara un vistazo a la pata de un burro que cojeaba. Se llamaba Bonito y se lo había comprado a él hacía un par de años. Paco «el Gitano» cogió la pata del burro, la palpó y le dijo a mi padre: «Este burro ha tropezado y se ha mancado. Mira lo que tienes que hacer: prepara raíz de cañafleja hervida en un litro de vino. Al romper a hervir, pon cernada de bacillos; cuando se enfríe, le das unas friegas». A los pocos días, Bonito dejó que cojear.

La saga de Paco «el Gitano» se deshizo cuando llegaron a los campos los tractores y las cosechadoras, que acabaron con las caballerías, los segadores gallegos -esos que tanto le dolieron a Rosalía de Castro- y los aperos de labranza. Como consecuencia, se cerraron las ferias de ganado del 12 en Zamora y del 28 en Manganeses de la Lampreana. Hace muchas décadas que no veo una mula en la Tierra del Pan; quedan algunos burros de la raza zamorano-leonesa gracias a las subvenciones. Pero la figura chispeante, salerosa y vivaracha de Paco «el Gitano» perdura todavía entre los mayores que viven en la Tierra del Pan.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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  • » Una historia de PACO el JITANO « - Mayo - 1/06/2014 13:40 


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