J.Quesada Herrera-Madrid     Fecha  13/12/2004 20:33 
Host: 80.58.22.172.proxycache.rima-tde.net    IP: 81.32.30.99    Sistema: Windows XP


Volver al foro Responder VIOLENCIA DE GÉNERO (3) (Maltrato del Código Civil a la mujer)   Admin: Borrar 	mensaje
 
Mensaje
En el año 1981, el Código Civil otorga carácter legal al divorcio en España. Hasta entonces, no existía ni siquiera la separación matrimonial, tal y como hoy es considerada. Sí que existía la Nulidad Eclesiástica, supuestamente extrema en las condiciones para ser otorgada y que, por lo visto, estaba más bien restringida a las “élites” de la sociedad de la época. Sea cual fuera la desunión matrimonial era muy mal vista por la sociedad de aquel entonces en la que la Iglesia desempeñaba un papel predominante en el ideario político del que, paulatina y sistemáticamente, comenzó a apartarse con la aparición de una juventud sacerdotal, (anhelante por imponer criterios sociales aunque conllevaran la censura del régimen, que no vaciló en afear o castigar a una generación, que se conoció con el nombre de “curas obreros” o “curas rojos”), surgida para tormento nostálgico de algunos y deleite de libertad para otros y a la que tanto debemos agradecer por el cambio educativo generacional que inició apoyando más al débil que al fuerte haciéndole ver que Dios era más Padre que Juez, más amante del premio que del castigo y que el pecado existía menos en el “Sexto” y más en el NO amar al prójimo. Todo, desde el denominador común de la igualdad que muchos tomaron por libertinaje comunista llegándose al colmo de las apreciaciones al tildar de “espías rusos” a los sacerdotes dando por cierto que se habían infiltrado en los seminarios españoles. Pero esto es diferente cantar narrativo que quizá se enfoque en otra parcela literaria. Bástenos, por ahora, con volver al “hilo narrativo” indicando que, fuera cual fuere, el motivo de la desunión matrimonial muchos parejas mal avenidas debían permanecer unidas obligatoriamente por imposición del pensamiento religioso y político y artículos como el 1263 del Código Civil de la época situaba a la mujer casada entre los menores, los locos o dementes y los sordomudos que no sabían leer ni escribir y el artículo 57 obligaba a la mujer a obedecer al marido y la licencia marital era como su sombra para todos los actos de la vida. Sin la licencia marital, la mujer no podía trabajar, ni cobrar su salario, ni ejercer el comercio, ni ocupar cargos, ni abrir cuentas corrientes en bancos, ni obtener su pasaporte, ni el carné de conducir, etc. Si a alguna mujer se le ocurría contraer matrimonio con algún extranjero, automáticamente perdía la nacionalidad y era considerada extranjera -aunque siempre viviese en España-; entonces se le extendía carta de residente y perdían eficacia sus estudios (las que podían haberlos tenido), no podía ser funcionaria y necesitaba permiso para trabajar. Sin la licencia no podía aceptar o repudiar herencias, aunque fuesen de sus padres, ni pedir su participación, ni ser albacea; ni defenderse ante los tribunales (salvo en juicio criminal) ni defender sus bienes propios, ni vender o hipotecar estos bienes; ni disponer de las gananciales más que para hacer la compra diaria, aunque los gananciales procediesen de su sueldo o salario.
Por el contrario, el marido podía disponer libremente de los gananciales (salvo inmuebles o establecimientos mercantiles) y ella no tenía más derecho que a recibir la mitad de lo que quedase al fallecer él. Estaba obligada a seguir al marido dondequiera que él fijase la residencia. No tenía patria potestad sobre los hijos hasta que muriese el padre, e incluso, hasta el año 1970, él podía darlos en adopción sin consentimiento de la madre.
Si así estaban las cosas en 1970, y aunque en esos años la legislación poco a poco iba modificándose, la realidad legal de la mujer española debería esperar hasta la Constitución de 1978 para equipararse plenamente a la del hombre. A partir de esta fecha, los saltos intermitentes de avances progresivos se suceden. Nuestras madres, esposas, hijas, hermanas y nietas pasan de la esclavitud a la libertad; de la pasividad sexual a la actividad y del silencio de los malos tratos físicos y sicológicos a la denuncia... Aunque algunas, no podemos ocultarlo, se hayan equivocado de juez al exponerlos y utilizado, y utilicen, los medios de comunicación social (especialmente “programas de tele basura”) como portavoces de la denuncia. Eso sí, previo pago de sustanciosos honorarios que, en los recorridos o “tournée” televisivos engordan la cuenta corriente de la denunciante. Asunto, tema o cuestión que nos reta a ocuparnos de la moralidad y dignidad de este “ejemplar” femenino, cada día más abundante, que convierte el sufrimiento propio o ajeno, en lucrativa operación mercantil.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Imagen:

http://www.magina-jaen.com/club/genero.jpg
 

Respuestas (3)
 


Volver Responder
 
Nombre
E-Mail
Asunto
Web
Enlace a una
imagen

Mensaje