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Murcianos emigrados de Lorca y de Vélez Blanco y de Vélez Rubio en el Sur y Sureste de Mallorca, año 1964.
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“Murcianos” emigrados de Lorca y de Vélez Blanco y de Vélez Rubio en el Sur y Sureste de Mallorca, año 1964.
Doy a conocer lo que publicó el Geógrafo Vicenç Maria Rosselló Verger en su libro MALLORCA: EL SUR Y SURESTE (Municipios de Llucmajor, Campos, ses Salines, Santanyí, Felanitx y Manacor), publicado por la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Palma de Mallorca, 1964.
Se trata de la tesis doctoral de este Geógrafo mallorquín, el cual refiere y cuantifica la existencia en aquel tiempo de inmigrantes –forasters según la concepción mallorquina- en la zona del Sur y Sureste de la isla –el Migjorn de Mallorca-. Y en particular, al hablar de los municipios de Campos y de Llucmajor, se refiere a los inmigrantes procedentes de Lorca, así como de Vélez Blanco y de Vélez Rubio y los tiene expresamente por murcianos, al igual que a los procedentes, en aquel tiempo, de las provincias de Albacete y de Murcia.
La cita es importante porque refleja una realidad de hermandad incluso en la emigración (salida) / en la inmigración (llegada a un sitio) para los procedentes de Lorca y para los procedentes de Vélez Blanco y de Vélez Rubio. Además cuenta este autor el hecho de que en Mallorca (yo ahora añado, también en el resto de las Balears, incluidas las Pitiüses, Eivissa y Formentera, por supuesto), se designaba y, en parte, todavía se designa, con el nombre de murcià a cualquier inmigrante peninsular afincado en la isla (siempre que no hablara catalán/valenciano).
Este autor, que después ha sido Catedrático de Geografía de la Universidad de València (con unos años de Profesor en la Universidad de Murcia), está considerado como el patriarca de la Ciencia geográfica catalana-valenciano-balear.
Por último me corresponde aludir al hecho de que, aún hoy, y como consecuencia de todo esto, la presencia de velezanos (de Vélez Blanco) en Campos, incluida una parte de mi familia paterna, es muy considerable. En efecto, es un lugar común, conocido por todos, el que fueran muchísimos –a finales de los cincuenta- los velezanos que emigraron procedentes de las zonas rurales del norte del término velezano (de los campos de Santonge, La Alquería, Cueva Ambrosio, El Alcaide, y alrededores, así como vecinos de las zonas murcianas inmediatas, ya en el campo de Caravaca y de Moratalla).
O sea que si alguien quiere entretenerse y rastrear orígenes y parentelas, u organizar reencuentros, que se detenga en el municipio mallorquín de Campos (basta acudir al Ayuntamiento para darse cuenta de la importancia numérica en el censo y/o visitar el Cementerio para reconocer fisonomías y apellidos), tierras a las que se dirigieron muchos de nuestros paisanos y familiares, con todo lo que ello representa, como por ejemplo una parte de mi propia familia, a finales de los cincuenta/primeros sesenta, al igual que otras muchas gentes velezanas (así como bastantes murcianos oriundos de la zona de Caravaca, y de sus contornos). Todavía hoy los hijos y descendientes de aquéllos –parte de nuestra familia, en la segunda y tercera generación- expresan esta procedencia en pleno Migjorn de Mallorca, incluida su expresión lingüística catalana-mallorquina, conservándose, en parte, en algunos el legado velezano, incluso de habla (los que no han muerto, porque las edades ya son muy considerables), y siendo allí tratados/tenidos todos por murcianos. Bien distinta, por otras cosas y causas, es la configuración del resto de la colonia velezana en Mallorca (en particular en la corona o alrededores de la ciudad de Palma, donde se asentaron otros muchos velezanos, pero a partir de los setenta, como mis propios padres y otras familias, en el Oeste de la isla: municipio de Calvià, donde yo crecí, me formé y residí hasta 1999). En cualquier caso, por la importancia y la singularidad del asunto, he creído conveniente dar a conocer esta cita –creo que verdadero hallazgo, por lo curiosa- que hizo el Profesor Roselló Verger y darla a conocer, por todo lo que implica, en tantos campos del saber y del conocimiento.
Ángel C. Navarro Sánchez Eivissa, 29 de noviembre de 2008. … MALLORCA: EL SUR Y SURESTE (Municipios de Llucmajor, Campos, ses Salines, Santanyí, Felanitx y Manacor)
Vicenç Maria Rosselló Verger (Doctor en Geografía).
Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Palma de Mallorca, 1964.
Textos extraídos de las páginas 149-150:
“…/…
En cuanto a la procedencia de los inmigrantes poseemos datos elaborados por nosotros sobre la base de los padrones municipales y referidos a Llucmajor en 1930 y a todos los municipios en 1955.
…/…
El cambio radical producido a raíz de la guerra civil viene expresado claramente por la comparación de las cifras 1930 y 1955 en uno de los municipios más perceptivos, Llucmajor. (…/…). En 1955 … el incremento considerable es dado por los peninsulares cuyo número se multiplica por nueve. Granada, Murcia y Jaén aportan el grueso de los 929 inmigrados.
El caso de Felanitx es algo diferente por la diversidad del atractivo. Los quince años que separan 1940 de 1955 han visto disminuir el total de no indígenas de 2.367 (AULET) a 2.303, que en porcentajes es del 20 al 18% a causa de la paralización de las minas de lignito, cuyos obreros eran íntegramente peninsulares y el transfuguismo a zonas de regadío. (…/…). Los 752 peninsulares de la primera data eran la mitad murcianos; no en balde se les conoce con este nombre a ellos y todos los demás peninsulares en Felanitx”.
Textos extraídos de las páginas 151-152:
“…/…
El grueso de las inmigraciones peninsulares procede (mapa) del SE y S, provincias todas, cuya renta ‘per capita’ es inferior a la media nacional. Albacete es la provincia con mayor cantidad de representantes (774) establecidos preferentemente en Manacor, Felanitx y Llucmajor, y que son originarios en su gran mayoría de los mismos municipios: Villarrobledo los de Manacor, de Villapalacios 163 de Felanitx y 48 los de Santanyí. Fenómeno algo parecido se da entre los 656 murcianos numerosos en Felanitx (Lorca), Llucmajor y Campos (Vélez Blanco y Vélez Rubio). Jaén cuenta con unos tres centenares de inmigrados, de los cuales 90 son de Villacarrillo y otros muchos de Villarrodrigo; es curiosa la insistencia de las ‘villas’ en este flujo.
Barcelona, Valencia, Alicante, por la facilidad de comunicaciones, reexpiden, algo de su inmigración, siguiendo en importancia a las dichas, otras provincias pobres como Almería, Granada, Ciudad Real, Córdoba y Badajoz. Las pequeñas cantidades consignadas en otras provincias no pueden ser tenidas en consideración por ser debidas a funcionarios públicos, guardias civiles, religiosas, etc., que se distribuyen por la comarca.
La influencia del inmigrante en la sociedad comarcal es menor de lo que corresponde a su número, por la baja escala social que ocupan y por la asimilación rápida, incluso del peninsular. Los inmigrantes, baleáricos o ‘forasteros’ no son mal vistos en las localidades de llegada porque se reconoce la necesidad de trabajo, consideración que ha absorbido lo que de despectivo tenía la denominación de murciano o ‘foraster’; han encontrado pan y afecto, y a la adaptación ha seguido la comprensión.
El fenómeno demográfico de la mayor fecundidad de los inmigrados tiene confirmación en nuestra comarca como puede observarse, realzado por el contraste, en la ciudad de Llucmajor. Además de la elevada proporción de los grupos de edad más prolífica y de sus procedencia de clases sociales bajas y familias numerosas, parece que hay que buscar las causas sutiles y profundas que hacen relacionar a GINI el impulso genésico con el migratorio.
No de una manera muy diferenciada, pero sí en germen, se observa la tendencia a formar barrios exclusivos en algunas poblaciones, p. e., Llucmajor; en ses Salines, pese a su escaso número, el caserío de Baix Morell acoge entre los 63 habitantes de sus 14 viviendas, 55 inmigrados; en Manacor abundan por las calles Covadonga y de la Peña. Sería tal vez más intensa esta diferenciación de no residir muchos de los peninsulares en las alquerías o en casas de campo que pueden alquilar por mucho menor precio que las urbanas. Con todo, la residencia urbana es para ello mucho más frecuente que la foránea como se ve en esta tabla:
El inmigrante prefiere el trabajo industrial, pero si por su escasa significación no puede conseguirlo, recurre al del campo; es clara por ello la razón de su mayor proporción rural en Campos y en Santanyí. Murcianos y albaceteros, los predominantes prefieren y residen de hecho en las zonas urbanas, en lo cual puede tener que ver su mayor ‘organización inmigratoria’.
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