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El Museo sobre el escritor almeriense Álvarez de Sotomayor, en Cuevas del Almanzora: más sobre el habla autóctona de las gentes del Bajo Almanzora.
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El Museo sobre el escritor almeriense Álvarez de Sotomayor, en Cuevas del Almanzora: más sobre el habla autóctona de las gentes del Bajo Almanzora.
La Revista “Axarquía” (Revista del Levante almeriense), Año XIII, 2008, publica un artículo del filólogo cuevano Pedro Perales Larios titulado “El Museo José María Martínez Álvarez de Sotomayor”, págs. 53 a 58, sobre su paisano el escritor también cuevano Álvarez de Sotomayor, el más grande escritor de cuantos hayan existido en el suelo almeriense entre los siglos XIX y XX (en concreto: 1880-1947) y, por descontado, autor único, principal y figura señera en la utilización del habla propia de las gentes del Bajo Almanzora, habla de clara estirpe almeriense-murciana.
Por su interés reproduzco la parte del artículo referido al habla y a la creación literaria de Álvarez de Sotomayor o, a secas, Sotomayor, que con este solo nombre también se le conoce:
“(…) El otro objetivo al que antes he hecho alusión, disponer del legado del escritor para su conocimiento y estudio, es sin duda el que más satisfacción debe suponer a todas las personas que, de una u otra forma, hemos contribuido a que el museo sea una realidad. Desde el 15 de diciembre de 2007 quien quiera va a tener la oportunidad de leer prácticamente todo lo que el poeta cuevano dejó escrito, tanto editado como inédito, y podrá llegar a calar en el espíritu que lo inspiró. Pero si alguien, por excesivo amor a la cultura de la que es producto la obra del poeta Sotomayor sostiene que ésta es tan importante o más que la de otros grandes escritores en lengua castellana normalizada, comete un error. Si, por el contrario, y por desconocimiento o falsos prejuicios, dice que carece de mérito, también yerra. Es decir, la obra de Sotomayor es lo que es por sí misma, por la realidad en la que nace y de la que es fiel reflejo, y no por comparación con otras obras, ni siquiera con la vida del propio autor. Si queremos valorar con justicia esta obra tenemos que ubicarla en el lugar que verdaderamente le corresponde. Y digamos por adelantado que no son sus principales méritos los estético-literarios (los que indudablemente también posee). El verdadero valor de la obra del poeta Sotomayor radica en ser la principal fuente y documento de valor lingüístico, histórico, social, etnográfico, etc. de que dispone la comarca almeriense del Valle del Almanzora, y es por esto, y no por ningún otro tipo de referencias, por lo que justamente hay que considerarla, valorarla y apreciarla.
Los libros de Sotomayor atesoran la mayor riqueza histórica, lingüística, cultural… que puede conservarse de una comarca, en este caso la del Bajo Almanzora, porque es la vida entera de los campesinos y de las gentes que se dedicaban a los trabajos de la tierra la que permanece íntegra, aunque ya casi sepultada, en sus versos. Pero quizá lo más bonito sea que este poeta hacía estas cosas sabiendo lo que hacía. Sabía que cuando desapareciera esa casta de hombres que él inmortalizó, también desaparecerían sus costumbre, y no quiso que esto sucediera, no quiso que sus paisanos tuviéramos que indagar en los archivos para conocer mejor nuestro pasado reciente y nuestras señas de identidad. Él lo atesoró todo en sus libros y lo legó para el futuro deleite y el mejor conocimiento del pasado reciente. Por eso los vecinos de la comarca en que nace se construye el mundo literario de Sotomayor tenemos la obligación de ser agradecidos, y apreciar su producción por lo que vale, por lo que encierra, por lo que nos enriquece, y olvidar ya de una vez si cuadra o no cuadra con lo que creamos que fue –y digo creamos, que creer no es saber- la vida de su autor, o lo que es peor, lo que nos han dicho que fue.
Gracias a esta obra, las cuevanas y cuevanos podemos sentirnos privilegiados porque muy pocos pueblos pueden conocer su pasado reciente como nosotros. Nosotros podemos saber cómo vivían nuestros antepasados que se dedicaban a las faenas agrícolas, podemos reconstruir su vida entera: sabemos cómo pensaban, cómo realizaban el trabajo diario, cómo labraban, cómo regaban, cómo trillaban, como limpiaban las casas, cómo se confesaban, cómo iban a la escuela, cómo se declaraba el novio a la novia, cómo le decía el hijo a la madre lo mucho que la quería, cómo jugaban los niños, cómo se les daba valor a objetos que ahora son para nosotros insignificantes, y lo que es más triste, la muerte, la muerte a todas las edades, pero también la alegría, el amor, en definitiva, la vida entera.
Sin embargo, no se limita el mérito de esta obra a preservar esas costumbres y evitar que desaparezcan, al menos en la memoria. También tiene el mérito de hacerlo en la propia lengua de sus personajes, la lengua de nuestra tierra, la lengua que el campesino utiliza para hablar de la sequía como una de sus principales tragedias, la que utiliza, por ejemplo, para decir en su poema: ‘La Seca’:
‘Denda que tuvemos aquella derrota, dos años van secos; pero arremataos: sin que escurra el cielo maldecía la gota, si que naza guierba ni pa los ganaos…’
Por todo ello, a esta obra hay que acercarse como lo que es, y si es necesario, olvidemos momentáneamente quién la escribió, porque lo que nos queda es la obra y no el autor.
El museo con el que desde el 15 de diciembre cuenta el poeta Sotomayor en su pueblo natal contribuirá sin duda a ello, a que su obra sea cada vez más y mejor conocida y entendida. Nosotros así lo esperamos y deseamos”.
De manera que almerienses y murcianos, los que aún hoy hablamos esta peculiar lengua que Sotomayor dignificara, bien nos podemos felicitar porque se recuerde su persona y su obra en este museo abierto en el sesenta aniversario de su muerte, y ubicado en su villa natal de Cuevas del Almanzora (tierra un día perteneciente al Marquesado de los Vélez), justo en una casa de la propia familia de Sotomayor, la casa conocida como de los “Figueras”, según nos cuenta Pedro Perales Larios en este artículo de divulgación, lo mismo que sobre este autor con otro artículo también publicado en “Axarquía”, XI, año 2006, de título sugestivo: “El Legado del poeta Álvarez de Sotomayor”, págs. 209-219. Existiendo una bibliografía bastante exhaustiva sobre Sotomayor en el artículo del Abogado y bibliófilo José Ramon Cantalejo Testa, también publicado en este mismo número de “Axarquía”, XI, año 2006, titulado “Nuevas notas sobre el drama rural La Seca y la difusión de la obra de Álvarez de Sotomayor en España”, págs. 202-208.
Por último sólo resta el referirme al hecho de que dichas hablas, de estas concretas tierras almerienses, han sido descritas de manera concienzuda por el mencionado Doctor en Filología Románica, Perales Larios, de la siguiente manera: (1984). “El habla del Bajo Almanzora, ¿andaluz o murciano?”, Murgetana, 66, p. p. 59-73, también localizable en Internet; y (1999). “El habla de la Axarquía almeriense, puente entre el andaluz y el murciano”. Axarquía, 4, p. p. 181-187. Unas breves notas, además, por mí efectuadas, de la manera siguiente: Navarro Sánchez, Á. C. (2004), “Primicia sobre las hablas y el carácter de las gentes de las tierras de Almería, en la Raya de Murcia: el viaje de Simón de Rojas Clemente Rubio en 1805”, en: Revista Velezana, 23, págs. 303-305.
Ángel Custodio Navarro Sánchez Eivissa, 29 de noviembre de 2008.
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