que él está en el salón del Rincón de Pepe y no se entera, porque está ensimismado escribiendo un artículo sobre unas bomberas murcianas, de que está rodeado de llamas por todas partes hasta que el humo se le mete en los pulmones y le da la tos. Entonces mira horrorizado, aunque manteniendo la calma, a su alrededor. Allí al fonmdo, sentada en la mesa en una esquina, ve a una galliniita enfundada en su ceñido vestido rojo, piernas larguisimas terminadas en unos altísimos zapatos de tacón de aguja tomándose una Bombay con limón recién traido del Caribe. Exhala una bocanada de humo mientras muy lentamente aplasta la colilla con la punta del zapato al tiempo que lo mira inexpresíva y fríamente a los ojos. Se levanta, va hacia él, le agarra por la nuca y por la cintura y le da un tornis hasta la glotis sin despeinarse que lo deja sin tos y casi sin respiración. Le coge de la mano sin dejar de mirarle a los ojos y se lo lleva, lentamente, sin prisas, hacia el foco del fuego. Hacia la llama más viva. ¿Hacia el infierno? Desaparecen de la escena y la cámara enfoca el artículo sobre las bomberas que se quema rápidamente hasta hacerse ceniza.
Suena una de Areta Franklin
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