Foro sobre Arturo Pérez Reverte
Un lugar de encuentro donde "discutir" sobre la obra del escritor Arturo Pérez Reverte

Burnel escribió el día 16/05/2005 a las 22:21 Admin: Borrar 	mensaje
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Clase intensiva de remo para aprendices

EN BRAZOS DE LA MUJER BOMBERA

Me pregunto qué habrá pasado con las bomberas murcianas. Hace unos meses, el concejal de Extinción de incendios de allí manifestó su empeño- de que además de bomberos machos haya también bomberos hembra. «No pararé hasta que lo logre», afirmó públicamente el concejal en cuestión. La cosa venía de que; en las últimas oposiciones al asunto, entre seiscientos aspirantes a doce plazas se presentaron sólo seis mujeres, de las que cuatro renunciaron y las otras no pudieron pasar las pruebas físicas. Lo que me parece, con perdón, lógico. A fin de cuentas, lo del casco y la manguera y el hacha para romper puertas y los rescates colgado de una escalera o una cuerda no son cosa fácil, requieren cierta musculatura, y es normal que, salvo excepciones tipo Coral Bistuer, las tordas no estén a la altura. Lo que no quiere decir, ojo, que las mujeres no puedan o no deban ser bomberas, o bomberos, o como se diga; sino que lo normal, en un oficio que entre otras cosas requiere estar cachas, es que sean hombres quienes superen con menos esfuerzo las pruebas físicas. Tengan en cuenta que para las oposiciones bomberiles hay que realizar pruebas escritas con problemas matemáticos y temas legales y poseer conocimientos de- carpintería, albañilería y electricidad, pero también es necesario superar pruebas que incluyen correr cien metros, correr mil quinientos, nadar cincuenta, levantar pesos, subir una cuerda, saltos de obstáculos y flexiones. Es natural que en esto último los hombres lleven ventaja. De cara a ciertos oficios, lo sorprendente sería lo contrario. A ver a quién iba a extrañarle, por ejemplo, que en unas oposiciones para luchador de sumo no saliera ninguna geisha.

Pero a lo que íbamos. En vista de lo ocurrido, el concejal responsable de Extinción de Incendios anunció que conseguir mujeres bomberas era una de las prioridades vitales de su departamento, sobre todo teniendo en cuenta que en España sólo hay -o había en ese momento- una mujer bombera; así que a la ciudad tenía que corresponderle, por huevos, el honor de tener la segunda. Y si salía una tercera y una cuarta, pues mejor me lo pones. La cosa era poder decir: aquí apagamos con bomberas y bomberos. Murcia siempre a la vanguardia. Así que, para facilitar ese logro histórico, la solución anunciada por el concejal fue rebajar más el nivel de las pruebas físicas exigidas a las mujeres. Y digo más porque el nivel ya se había rebajado en la oposición anterior, y aún así no triunfó ninguna gachí. O sea, que ya no se trata tanto de apagar fuegos como de cuestión de cuotas. Porque tiene razón el concejal murciano: si en España tenemos feroces caballeras legionarias, que desfilan con la cabra y le mojan la oreja incluso a las tenientes O'Neil de Bush, que no están como nuestras rambas en unidades de combate de primera línea sino marujeando en transportes, comunicaciones y mantenimiento, a ver por qué carajo no vamos a tener bomberas. Y oigan. Si aún rebajando las exigencias físicas no sale ninguna mujer en la próxima oposición, pues se insiste. Se sigue bajando el nivel de exigencia hasta que se consiga, al fin, meter a una. Por lo menos.

Ardo -adviertan el agudo juego de palabras- en deseos de que culmine la cosa, si es que no ha culminado ya. Así, cuando vaya a Murcia y se le pegue fuego al hotel Rincón de Pepe, entre las llamas y el humo vendrá a rescatarme una bombera intrépida. Me la imagino, y ustedes también, supongo, cogiéndome en brazos, yo agarrado a su cuello y corriendo ella sin desfallecer por los pasillos -aunque más me vale que el pasillo tenga sólo doscientos metros, que es lo que le habrán exigido a la bombera en las pruebas físicas-, apartando las brasas a patadas como una jabata, mientras nos caen alrededor vigas ardiendo y cosas por el estilo. Si eso lo hace un bombero macho, a ver por qué no puede hacerlo una pava. Luego me bajará sin pestañear y sin soltarme por una escalera de esas largas, y al llegar al suelo, como yo toseré, cof, cof, por el humo, encima se quitará el casco para hacerme la respiración boca a boca, porque aún le quedará resuello de aquí a Lima. Y después, como en todas las películas norteamericanas un minuto antes de que acaben, me preguntará: «¿Estás bien?». Guau. Qué fashion. Y todo eso gracias al concejal de Murcia.

El Semanal 7 de septiembre de 2003



¡¡¡¡Pájaro!!!

¿Cómo se te ocurre escribir guiones cuando estoy de vacaciones? Menos mal que he llegado a tiempo porque media España está como loca haciendo impresos de matrícula para las oposiciones de bombera en Murcia Qué Hermosa Eres.

A ver, perdona un momento que tengo que decirle algo a estas mendas.

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿Se puede saber por qué no he sido puntualmente informada de que el Pájaro anda tocándome el guión??????????????

Barlés, éstas, seguro que han aprovechado mi ausencia para irse como locas al gimnasio a ponerse cachas para el papel. Serán ilusas. No se enteran de que la guionista soy yo y de que yo parto, reparto y me quedo con el mejor parto. Mali, confiesa. Burnel, de ti no me lo esperaba. Oli, ¿estás muy callada? Pi, a ti te perdono porque sé que con las batas de los Filemoncitos tienes para entretenerte todo el mes, pero Gala qué, dónde anda. Ayer la llamo y me dice el señor galifante que está como loca haciendo futin con su Corso parriba y pabajo.

¡¡¡¡Seréis guarras!!!! ¡¡¡¡Malas amigas!!!!! Ya os pillaré, asquerosas.

Pájaro, aquí estoy de nuevo. Vamos a dejar atrás las bonitas vacaciones y vamos al laburo. En la escena que propones para el guión hay varias ideas que me parecen muy acertadas, pero hay también alguna que no termino de verla. Te explico: He intentado imaginar cómo podría hacerse el tema y se me ocurren varias posibilidades.

La primera posibilidad es que yo me prepare físicamente para el papel, por aquello de la verosimilitud. Hay que estar fuerte para realizar semejante hazaña. Pues nada, sería cuestión de buscar un preparador físico (ya sabes que eso de los gimnasios no se estila y que lo del preparador queda muy fashion), tomar muchos huevos cocidos, hormonas, en fin, todas esas cosas que comen los especialistas en el cuerpo. Me pondría cachas del todo.
La escena quedaría entonces más o menos así. Intenta imaginar: Fuego, humo, el muchacho de la película (o sea, tú) tirado en el suelo inconsciente, la bombera (o sea, yo) que sube los escalones de tres en tres y de cuatro en cuatro y que lo ve a punto de achicharrarse junta a una cortina en llamas. La bombera va corriendo, lo levanta y lo carga al hombro. ¡¡¡Coooooooooooooño!!! ¿La has visto? Seguro que son las hormonas, porque no lo toma amorosamente en brazos, sino que se lo carga como un saco de patatas, la cabeza colgando por la espalda. Gran espalda, joder, ¿la estás viendo? Si parece un armario ropero de tres lunas. Ufff, no sé, no sé. Bueno, sigo: La cortina se cae justo en el momento en el que la chica de la peli lo quita de ahí. Corre cargada con él por el pasillo hasta que llega a la escalera, pero los escalones están ya ardiendo, así que ni corta ni perezosa se monta en la barandilla como si fuera un caballo y se lanza hacia abajo. En la primera curva de la escalera el chico se despierta y es tanta la velocidad que lleva cabeza abajo y dando bandazos que recuerda con añoranza el fuego. Al final de la escalera, mala suerte, una gran bola que adorna el final de la barandilla lo golpea en la cabeza, la bombera le mira la brecha que se ha abierto y piensa, no pasa nada, siempre es mejor que ser un cadáver negro y arrugado. Total que llegan abajo, la bombera lo deposita en el suelo, lo mira a la cara y le pregunta con una voz recia, profunda, como de fumadora de tres paquetes de ducados diarios: ¿Estás bien? Él la mira fijamente (todo lo fijamente que puede y que se atreve) y ve una cara ancha, con una sombra oscureciéndole la cara, ¿del humo?, no, de las hormonas. ¡¡Coño si tiene barba!! Los ojos se le abren que parece que se le van a salir y contesta: ¡¡¡Asustado!!! Del mal rato que ha pasado, pensarás. Pues no, está acojonao de ver el tanque que tiene delante. Lo que no sabe es que no hay de qué asustarse, porque la bombera, una vez que lo deja a salvo, sale corriendo y gritando: Makarova, Makarova… No hay beso.

Bueno, ésta es la primera versión que se me ha ocurrido pero he decidido descartarla. Las hormonas nos podrían jugar una mala pasada y al final no se quedaría chica con chico, así que no mola nada.

Te cuento ahora la segunda. Se me ocurre que quedaría estupenda una bonita escena de cine mudo. Como en aquellos tiempos. Imagina: Blanco y negro, fuego, humo, el chico (o sea, tú) tendido en el suelo inconsciente, la chica (o sea, yo. Verás que repito esto mucho para que a las mendas estas no se les olvide) vestida de bombera. Pantalón bombacho negro, botas recias pero con un poquito de tacón y muy brillantes, chaleco grueso pero entallado, camisa blanca con cuello de bebé. Los labios pintados, chiquitines, sensuales, los ojos muy grandes, enormes, la piel blanca. ¿La estás viendo? Bien, sigo: La bombera lo ve al fondo del pasillo, corre hacia él entre llamas que parecen de cartón piedra (lo serán, claro, y Barlés y Jean las moverán desde abajo, sin que se les vea), lo recoge, no en brazos que no puede. Lo levanta un poco del suelo tirando por debajo de los brazos. Lo arrastra por el largo y amenazador pasillo. La música, que no se nos olvide, es fundamental. Será rápida, con violines. De vez en cuando se atascará en dos notas al tiempo que tus piernas se quedan enganchadas en la alfombra. La bombera pondrá cara de impaciencia mirando en dirección a la cámara y moverá los labios sin sonido, un cartel negro dirá: ¡Dios mío! ¡Dios mío! Pero la bombera tirará con todas sus fuerzas y logrará desliar las piernas de la alfombra. La música continuará con una velocidad de vértigo, volverá a atascarse, la alfombra de nuevo, la chica que levanta la cara, los ojos asustados, inclinará la cabeza hacia un lado, la barbilla junto al hombro, la mano en el pecho, los ojos cerrados: ¡Dios mío! ¡Dios mío! Sin voz otra vez. Llegan por fin a la escalera. La bombera lo deja suavemente en el suelo. Se asoma al vacío y grita sin voz. Los carteles: ¡Ayuda! ¡Socorro! ¡Ayuda! No se oye a nadie, tiene que seguir sola. Antes de volver a levantar al muchacho echa la cabeza hacia atrás, desesperada, se toca la frente con el dorso de la mano, casi quiere llorar, pero no tiene tiempo. Barlés y Jean amenazan, cada vez más cerca. Vuelve a coger al muchacho y empieza a bajar las escaleras. Las piernas de él golpean en cada peldaño. Los pantalones están destrozados y se ven los cardenales que se va haciendo con cada golpe. La escalera es larguísima. Llegan por fin a la calle y la bombera, con lágrimas en los ojos (la tensión), le pregunta sin voz: “¿Estás bien?” “Molido”, contesta él moviendo los labios y se desmaya. Tampoco hay beso, el pobre está destrozado y ella sufre lumbalgia. Pide la baja.

Está claro que así tampoco la vamos a rodar. Si no hay beso no hay peli. Pero no te preocupes, no pienses que me voy a empequeñecer ante tan diminutas dificultades. Sólo vamos a modificar un poco la historia.

(Mali, tápate los ojos que voy a volver a tirarle los tejos al Pájaro. Bueno, aún no, que hay algo que te interesa)

Seguirá habiendo fuego, el escenario será el mismo, que para eso eres el mejor en la localización de exteriores e interiores, pero la escena variará. Por supuesto estará nuestra Mali que se irá con el concejal de Extinción de incendios a apagarle sus fuegos.
(¿Sabes? Creo que lo que realmente nos une a ti y a mí es nuestro deseo compartido de ver participar a nuestra gallinita en el rodaje. De aquí en adelante, en vez de decirnos “te quiero”, nos miraremos a la cara y nos diremos “mali”. “Cómo me gustas”, “mali”, “Qué guapo estás”, “mali”. “Mali” será la palabra que simbolizará nuestro amor.)

Bueno, a lo que iba: Tú estás en el hotel ardiendo, yo llego a rescatarte. Me acerco, te beso, te sigo besando, aún continúo. Todo se quema a nuestro alrededor. La cámara nos enfoca y lentamente se va alejando. Las paredes se caen, en el centro nosotros sin enterarnos. Continúa el beso. La cámara se sigue alejando, nuestras figuras en el centro de la imagen, el hotel entero en llamas. Se sigue alejando. La ciudad en llamas. Continuamos besándonos. Bueno, luego viene una parte que no voy a contar aquí, que estos son unos cotillas. Llega el final de la película. “¿Estás bien?”, te pregunto, y tú, con evidentes signos de agotamiento y de placer en la cara, me miras fijamente y me contestas, feliz: “Como una cucaracha”

¿Ein? ¿A que así sí mola?

Es la versión para mayores de 13 años, pero seguro que ahora llega Burnelillo a subirle el tono. A la tía sólo le gustan las películas de dos rombos.

Bueno, tesoro, me tengo que ir, ya concretaremos. Nos vemos en el rodaje. No llegues tarde y no te olvides de la medalla.

Mali, mali, mali, mali.






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Respuesta al mensaje: "Clase intensiva de remo para aprendices" de Burnel


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