Bolivar  Fecha  2/01/2008 12:00 
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Y... Tirofijo sigue en la lucha
Han transcurrido 43 años y siete meses desde que el presidente conservador Guillermo León Valencia ordenó la invasión militar a la comunidad campesina de Marquetalia. Más de cuatro décadas de resistencia popular en montañas y ciudades andinas. Doce gobiernos, represivos con el pueblo colombiano y obedientes ante el amo estadunidense, no han podido acabar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ni con su comandante, Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez Tirofijo, desde mayo de 1964.

Cuando León Valencia decidió someterse a los lineamientos del plan denominado Latin American Security Operation (LASO) un grupo de guerrilleros liberales tenía 16 años de enfrentar al ejército. Un día después de que la oligarquía liberal-conservadora ejecutó el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán Cortés (9 de abril de 1948) el sector más combativo del liberalismo progresista inició la lucha armada revolucionaria como método de autodefensa ante los crímenes realizados por militares y paramilitares.

Un reducido núcleo de 45 hombres enfrentó en mayo de 1964 a 16 mil integrantes del ejército gubernamental. El presidente Valencia prometió a sus amos estadunidenses realizar una operación militar de tres semanas para liquidar a la “subversión comunista”. La invasión y bombardeo a una zona donde trabajaban y vivían civiles dio origen a la prolongación de una guerra que el próximo 9 de abril de 2008 cumplirá 60 años. De esos seis decenios, las FARC han resistido 43 años y siete meses. Es diciembre de 2007 y Manuel Marulanda Vélez Tirofijo sigue vivo y en lucha por la revolución popular en Colombia.

Las FARC constituyen un movimiento político-militar que defiende en primera instancia la soberanía nacional colombiana. Su principal bandera ha sido la aplicación de una reforma agraria que haga justicia a los trabajadores del campo. La gesta fariana ha tenido simpatías dentro y fuera de Colombia desde los años 60 del pasado siglo XX. Jean-Paul Sastre dirigió desde Francia un mensaje público en 1964 donde pedía al gobierno de Guillermo León Valencia cesar la represión contra los pobladores de Marquetalia. Ahora, en el siglo XXI, desde París y Tolousse, se suman voces que exigen al gobierno de Alvaro Uribe Vélez no poner más trabas a los intentos de lograr un acuerdo humanitario que permita la liberación de rehenes, así como la libertad de presos políticos.

Hace tres meses, Hugo Chávez Frías, compañero presidente de Venezuela Bolivariana, sugirió participar en una reunión con Manuel Marulanda Vélez Tirofijo para analizar el camino a la firma de un acuerdo humanitario entre farianos y el gobierno que diera paso a un proceso de paz, como los que se han realizado en años anteriores con otros presidentes y en los que, además de las FARC, participaron también el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M19) y Autodefensa Obrera (ADO).

Después de los desencuentros y descalificaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, familiares de rehenes solicitaron a Hugo Chávez Frías y a Piedad Córdoba, senadora colombiana y facilitadora del diálogo, continuar su gestión humanitaria. Los dos políticos promotores de la paz y la integración regional lograron el apoyo de los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador y Francia. Desde Brasilia, Buenos Aires y París se logró persuadir al presidente Uribe Vélez para que aceptara el Operativo Transparencia diseñado en Caracas con el objetivo inmediato de liberar a Consuelo González de Perdomo, ex congresista, así como a Clara Rojas y su pequeño hijo Emmanuel.

Los partidos de derecha y los grupos paramilitares, vinculados al narcoparamilitarismo, han enviado mensajes a los medios donde aseguran que “las FARC desean mejorar su imagen internacional al anunciar la liberación de tres rehenes y entregarlos en Venezuela para ayudar políticamente a su aliado Hugo Chávez Frías”.

Las FARC han buscado soluciones al conflicto armado en diferentes épocas de la historia reciente. Hace casi 25 años, durante el mes de enero de 1983, Marulanda Vélez Tirofijo y Jacobo Arenas, dirigentes farianos, iniciaron conversaciones de paz con el gobierno de Belisario Betancur Cuartas (1982-1986). El resultado de dicho proceso fue la firma de un Cese al Fuego, Tregua y Paz, el 28 de marzo de 1984. Unos meses después surgió la Unión Patriótica, movimiento político y pacifista de izquierda que desde entonces ha sido víctima del genocidio.

Virgilio Barco Vargas (1986-1990) y César Gaviria Trujillo (1990-1994), presidentes liberales, tuvieron que conversar con las FARC luego de la desmovilización del M19 en abril de 1990 y ante las demandas contra sus respectivos gobiernos por la ola de crímenes cometidos por sus agentes contra dirigentes, militantes y simpatizantes de la Unión Patriótica, organización que defendió los ideales políticos farianos a través de acciones legales y pacíficas.

Ernesto Samper Pizano, presidente de filiación liberal, quien gobernó entre 1990 y 1994, intentó un proceso de paz donde participaron las FARC y el ELN. No se concretó, porque el gobierno, acusado de financiar su campaña con dineros del narcotráfico, empleó casi cuatro años en defender al Jefe del Ejecutivo, ante las acusaciones en el histórico Proceso 8,000. Andrés Pastrana Arango (1998-2002), conservador, aceptó reunirse y conversar con Manuel Marulanda Vélez Tirofijo, lo cual generó expectativas de paz.

Alvaro Uribe Vélez, actual presidente, expresó su decisión de liquidar a las FARC durante su primer periodo de gobierno (2002-2006). Al iniciar su nuevo mandato comprendió que no era tan fácil, a pesar de tener el apoyo total de George W. Bush, su jefe estadunidense. En este mes de diciembre el gobierno colombiano ha sido persuadido por autoridades y organismos no gubernamentales de otras cinco naciones, de darle una oportunidad, aunque sea temporal, de humanizar el conflicto armado y la disimulada guerra civil de casi 60 años. Mientras tanto, Manuel Marulanda Vélez Tirofijo continúa su lucha política y revolucionaria por una Colombia con deberes y derechos para todos.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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