ANONIMO     Fecha  25/11/2000 19:21 
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Volver al foro Responder MI ESPOSA, MI CUÑADA y YO   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Enviado por: Anónimo.


Por circunstancias que no vienen al caso, la hermana de mi mujer pasa largas temporadas en mi casa.
Lo cierto es que yo siempre soñé hacerlo con ella, pero nunca me atreví a nada.

La historia comienza un domingo por la noche. Llegaron las diez y estaba cansado. Había estado todo el día de caza y me quedé dormido en el sofá. Me despedí de todos y me fui a la cama. Una vez allí, perdí el sueño y no fui capaz de quedarme dormido. Mi cuñado se marchó a su casa y mi hijo se acostó. En el cuarto de estar quedaron mi mujer y su hermana viendo la televisión. Como estaba el volumen bajo, yo oía su conversación. Hablaban de su amiga Yoli, que estaba a punto de casarse. En un momento de la conversación, mi cuñada le dijo a mi mujer que esa tarde fueron ambas al baño y que Yoli le pidió que la masturbara.

- ¡mmmm, qué rico! -dijo mi mujer.
- Si, fue divino -respondió mi cuñada-. Y además me encantó. Desde los tiempos que me masturbara con Isabel no había hecho esto.
La conversación continuó por otros derroteros, pero yo ya estaba al palo, por lo que esperé a que mi mujer viniera a acostarse. Tardó apenas quince minutos. Estaba caliente por la conversación con su hermana. Mi mujer llegó, se desnudó y se metió en la cama, empezando a masajearme. Rápidamente pasó a la acción y, quitando la manta de encima, se puso a chuparme la pija por encima de los calzoncillos.

Yo, hasta ese momento, me había hecho el dormido, y seguí así otro poco ya que me gustaba. Mi mujer me sacó la pija y empezó a hacerme una de esas mamadas que tanto me gustan, al tiempo que su dedo índice intentaba entrar en mi culo. Esa sensación es superior y, en ese momento, pasé a la acción. La puse en posición de 69 y empecé a comerle la conchita. Durante unos minutos subió la calentura y mi esposa ya no podía retener sus gemidos. Me pidió que se la metiera, lo que hice en dos segundos. Yo no tengo un pene de 20 centímetros pero soy muy bueno cogiendo y siempre consigo al menos un orgasmo de mi pareja antes del mío. Esa noche mi mujer acabó dos veces antes de que yo lo hiciera y terminamos rendidos.

Encendí un cigarro y charlamos unos minutos, sin recordar en ningún momento su conversación anterior con su hermana. En un momento dado, me levanté para ir al baño (que tenemos en el mismo dormitorio) mirando al pasillo, y, al encender la luz, descubrí a mi cuñada haciéndose una paja de pie en el mismo pasillo. Me quedé petrificado, pero no dije nada y entré al baño
Tengo la costumbre de fumarme un cigarro siempre que entro al baño, por lo que tardé algo en salir. Cuando entré de nuevo en mi cama, ya con la luz apagada, me di media vuelta para agarrarme a la cintura de mi mujer para dormir. Sus caderas eran algo más anchas. Le toqué el pelo y, rápidamente, me di cuenta de que era mi cuñada.

Allí estábamos los tres, mi mujer en el último rinconcito de la cama desternillándose de la risa en silencio. Enseguida me empalmé, empecé a morder la oreja de mi cuñada y dije en voz alta: "¿Sabes, cariño? Me gustaría cogerme a tu hermana". Ella apretó su culo contra mi pija y empezó a restregarse contra mí. Inmediatamente pasé a chuparle los pezones, riquísimos, y de ahí a su conchita. Le hice una comida de concha enorme que duró más de diez minutos. Durante este tiempo, como luego supe, mi mujer se estaba masturbando.

Cambiamos de posición y decidí meterle la pija en la boca a mi cuñada, como hago con mi mujer, poniéndome de rodillas en la cama. En ese momento, toqué un pecho a mi mujer y, sin decir nada, le pellizqué un pezón. Un gemido escapó de sus labios y, al mismo tiempo, otro de mi cuñada con mi verga en su boca. Encendí la luz. Sin decir nada, di media vuelta a mi cuñada, que ahora tenía delante suyo la concha de mi mujer. Empezó a lamerlo lentamente y a comerse el clítoris. Yo restregaba mi pedazo por su culo de arriba a abajo e intenté clavársela por el ano. Dio un respingo y se volvió para mirarme. Me agarró la pija con su mano y la orientó directamente a su ano, midiendo con sus dedos mi embestida. "Más, más, mete otro poco", dijo.

En unos instantes la tuve penetrada por completo y comencé a bombear su culo. El morbo de aquella situación me hizo acabar antes de lo habitual, con una lechada enorme sobre la espalda!, pero mi cuñada quería más. Estuvimos cogiendo los tres toda la noche y, al día siguiente, no pude ir a trabajar. Desde entonces, hacemos unos deliciosos tríos casi todos los domingos, pero el primer polvo siempre es para mi mujer.

ANONIMO                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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