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Juan Manuel González
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11/08/2009 01:15
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I. EL BAUTISMO EN EL JORDÁN |
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El signo decisivo de Juan era el bautismo que él impartía en las aguas del Jordán. a) El sentido del rito de Juan aparecía en la forma de su ejecución.
1. En el agua del río Jordán:
? el agua corriente era la exigida por la tradición judía para los baños purificadores en los casos de impureza más contaminante,
? ése era el caso del bautismo de Juan, que tenía por objeto limpiar la impureza radical de Israel.
2. Se realizaba, por inmersión:
? Un baño completo del cuerpo es lo que señalan los términos «bautismo» y «bautizar». (Mc 1,5; 1,10). El baño completo del cuerpo era frecuente en los ritos judíos de purificación.
? Pero la inmersión no excluía el verter agua sobre el bautizado. El rito bautismal cristiano: las imágenes de «verter», «ungir» (rociar) o «abrevar» (regar) de algunos textos cristianos (Rm.5,5; 1 Cor.12,13; 2 Cor. 1,21; Tito 3,5-6; Hch.2,17-18.33; 10,45).
3. El rito de Juan tenía un rasgo único dentro de la práctica judía de los baños de purificación:
? Los fieles mismos se bañaban, éste rito era realizado por Juan.
? Por esa práctica excepcional recibió el apodo de «el bautista».
? Ese rasgo específico del rito de Juan lo conservará el rito cristiano, lo cual es un claro indicio de que éste tuvo su origen en aquél.
? Juan quiere señalar con ese gesto el carácter de don de su rito: era Dios mismo el que concedía la purificación a Israel, de la que Juan era el mediador, al estilo de la mediación que ejercía el sacerdote en los sacrificios purificadores del templo.
b) El motivo más evidente del rito de Juan era la PURIFICACIÓN:
1. Juan lo presentaba como el signo efectivo de la «conversión» del pueblo de Israel (Mc 1,4), es decir, de su retorno a Dios desde su actual situación de extrema maldad.
2. El rito impartido por Juan representaba en esa situación el único medio de salvación que Dios concedía a su pueblo, ya que, según la visión radical del profeta Juan, todas las instituciones sagradas, incluido el culto del templo, estaban totalmente contaminadas. Eso implicaba que el rito bautismal de Juan impartía de parte de Dios el perdón de los pecados al pueblo perdido. Era, el «bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Mc.1,4).
3. Los bautizados tenían que hacer una confesión de dichos pecados (Mc 1,5):
? No imaginarla, como una declaración de los pecados individuales de cada bautizado.
? Su forma sería semejante a la de las confesiones penitenciales bíblicas, a la que hacía la comunidad de Qumrán en su fiesta de la renovación de la alianza, o a la que se hacía en el día de la expiación y en otras celebraciones penitenciales comunitarias.
c) El escenario geográfico en el que Juan efectuaba su bautismo marcaba el sentido específico y fundamental del rito:
1. Se trataba del mismo sitio del Jordán por donde el Israel de los orígenes había ingresado en la tierra prometida. Dentro de ese escenario, el bautismo que Juan realizaba, atravesando el río, era la escenificación plástica del nuevo ingreso de Israel en la heredad de Dios. El baño en el río simbolizaba así el tránsito de la frontera, marcada por el río Jordán, entre el «desierto» y la tierra prometida.
2. El nuevo ingreso en la tierra implicaba un pueblo renovado. El rito de Juan tenía así un carácter iniciático. Pero no en el sentido de que marcara el ingreso en una comunidad especial dentro del pueblo, que estaría integrada por los bautizados, sino, más bien, en cuanto que significaba la constitución del Israel auténtico.
3. Los que no recibieran el rito seguirían perteneciendo al pueblo contaminado, que iba a ser eliminado en el gran «bautismo» de fuego del futuro, como los árboles no fructíferos.
4. Su carácter de rito de ingreso en la tierra hacía del bautismo de Juan un signo preparatorio de la época futura, que iba a acontecer ya dentro de la tierra prometida. Porque al rito bautismal de Juan seguirían
? “bautismo con fuego”, que realizaría la purgación última de Israel,
? «bautismo con espíritu santo», que efectuaría la renovación definitiva.
5. Pero esos «bautismos» ya no los ejecutaría Juan, el profeta precursor, sino la figura mesiánica del «más poderoso» (Mc.1,7-8).
d) Al tratarse del rito de constitución del nuevo Israel: tenía que equivaler al rito de la nueva elección del pueblo y de la nueva alianza de Dios con él. Quienes no lo recibieran seguirían perteneciendo al pueblo perdido, que estaba al mismo nivel que los pueblos gentiles o las «piedras» del desierto (Q 3,8). En ese contexto hay que enmarcar el compromiso ético que Juan proclamaba:
1. A él se refería con los «frutos dignos de la conversión» (Q 3,8), que señalaban la nueva actuación exigida al pueblo que había recibido el bautismo de conversión. El nuevo Israel tenía que conformar su conducta a la normativa de la alianza de Dios, que había sido renovada en el rito bautismal.
2. El motivo ético está muy realzado en el testimonio de Flavio Josefo sobre Juan Antigüedades 18,118: “Y cuando se reunían en torno a Juan, como su excitación llegaba al punto de la fiebre al escuchar sus palabras. Herodes empezó a temer que la gran capacidad de Juan para persuadir a la gente podría conducir a algún tipo de revuelta, ya que ellos parecían susceptibles de hacer cualquier cosa que él aconsejase. Por eso herodes decidió eliminar a Juan adelantándose a atacar antes que él encendiese una rebelión. Herodes consideró esto mejor que esperar a que la situación cambiara y luego lamentarse de su tardanza en reaccionar cuando estuviera sumido en una crisis. 119: “Y así, a causa del recelo de herodes, Juan fue llevado en cadenas a Maqueronte, la fortaleza de la montaña; allí se le dio muerte. Pero los judíos opinaban que el ejército fue destruido para vengar a Juan, en el deseo de Dios de castigar a Herodes”. Este testimonio de Josefo se considera realista. Juan suscitaba adhesiones masivas, incluso entre los recaudadores de impuestos y los soldados. esto alarmó a herodes y lo indujo a matar a Juan.
3. Fue la exigencia ética de su proclamación lo que le ocasionó a Juan el enfrentamiento con Herodes Antipas, y lo condujo a la cárcel y a la muerte. La causa de su destino violento habría sido, la defensa de la normativa de alianza, a la que el nuevo pueblo de Israel tenía que conformar su conducta.
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Juan Manuel González
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11/08/2009 01:17
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II. EL PROFETA PRECURSOR |
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Los signos del «desierto» y del bautismo en el Jordán marcaban el carácter PROVISIONAL de la misión de Juan:
1. Él era el profeta en el «desierto»: en la misma frontera de la tierra prometida, pero aún fuera de ella. La actuación definitiva de Yahvé iba a acontecer en el futuro inmediato, pero ya dentro de la tierra habitada por Israel.
2. Juan no era, el agente mesiánico del acontecimiento definitivo de Dios. Era, el Profeta precursor de ese acontecimiento. Su función consistía en proclamar la pronta venida de ese acontecimiento y en preparar a Israel para su llegada:
? DENUNCIANDO su situación de maldad extrema, invitándolo a una conversión radical y
? HACIÉNDOLO INGRESAR de nuevo, por medio del bautismo en el Jordán, en la heredad que Dios le había concedido.
3. Los evangelios citan TEXTOS Bíblicos para describir esa función precursora de Juan. Y es muy posible que fuera el mismo Juan quien recurriera a ellos para su autopresentación como profeta. Isaías 40,3 (Mc 1,3): «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, haced rectos los senderos de nuestro Dios». Con ese texto, Juan se presentaba como el precursor de la venida definitiva de Yahvé, proclamando en el «desierto» su pronta llegada y disponiendo al pueblo a prepararle el «camino».
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Juan Manuel González
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11/08/2009 01:18
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III. MOVIMIENTOS PROFÉTICOS POPULARES |
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“El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías”(Lc.3,15).
(1) Las afinidades más cercanas a Juan y a Jesús las encontramos en los diversos movimientos proféticos surgidos en a Palestina de aquel tiempo. Al frente de ellos estaba siempre una figura profética que quería reavivar en ese momento de crisis la tradición liberadora ancestral. Se trataba, en efecto, de profetas proclamadores y escenificadores de acontecimientos liberadores de Dios que intentaban reproducir las grandes acciones salvíficas que había experimentado el Israel de los comienzos: en su etapa del desierto, en el paso del Jordán, a la entrada en la tierra prometida, en la conquista de la tierra.
(2) Son, un testimonio espléndido de la gran esperanza de liberación y renovación que animaba al pueblo en ese momento. Según el informe de Josefo, ese tipo de movimientos estuvo especialmente activo desde la década de los años 30 d.C. hasta la de los 70 d.C., que fue la época en a que la crisis de Israel fue sentida con especial agudeza. Se trataba de auténticas figuras proféticas que suscitaron un gran entusiasmo en el pueblo, como testifican los amplios movimientos de masas que provocaron. Lo mismo que las revueltas populares (apéndice en pp. 33-37), todos ellos terminaron violentamente, por la intervención de las autoridades políticas. Eso es un signo claro de que eran considerados como portadores de una carga auténticamente revolucionaria y desestabilizadora del statu quo social y político.
1) Al final del gobierno del prefecto Pilato (26-36 d.C.), un profeta samaritano provocó un movimiento de renovación del templo del monte Garizim, prometiendo que al pueblo que le acompañara habría de mostrarle los utensilios sagrados que Moisés había enterrado allí (Antigüedades 18,85-87).
2) Durante el gobierno del procurador Fado (44-46 d.C.), Teudas «el profeta», convenció a un gran número de personas para que tomaran sus bienes y lo siguieran hasta el Jordán, cuyas aguas se abrirían a su orden y les ofrecerían un paso fácil, al igual que en el tiempo del Israel de los comienzos (Antigüedades 20,97-98; Hch 5,36).
3) Durante el gobierno del procurador Félix (53-55 d.C.), varios «seductores» convencieron a la gente para que los siguiera al desierto, donde «les mostrarían prodigios y signos claros, realizados conforme a la providencia de Dios” (Guerra 2,258-260).
4) En ese mismo tiempo, un profeta procedente de Egipto, condujo a una gran multitud por el desierto hasta el monte de los Olivos, prometiendo que a su orden se iban a derrumbar las murallas de Jerusalén, abriéndoles así el acceso a la ciudad (Guerra 2,261-263; cf. Hch 21,38).
5) En el gobierno de Festo (55-62 d.C.), un anónimo prometió «salvación y descanso de las calamidades» si le seguían al desierto (Antigüedades 20,1 88).
6) Cuando el templo estaba en llamas (70 d.C.), una multitud se refugió en uno de los pórticos del atrio exterior porque «un profeta» les había anunciado que recibirían allí «los signos de su liberación». Josefo añade que al pueblo «muchos profetas» le animaban a «esperar la ayuda de Dios» (Guerra 6,283-288).
7) Después de la victoria de los romanos, un tal Jonatán, tejedor y perteneciente al grupo de los sicarios, huyó a Cirene y convenció a muchos judíos pobres de allí a seguirlo al desierto, «prometiendo mostrarles signos y apariciones» (Guerra 7,437-442).
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