Santi Arbós    santiarbos@yahoo.com Fecha  29/05/2008 16:45 
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Desde curiosos hasta sin sentido son los nombres de algunos edificios y unidades de Bogotá


Foto: Diego Caucayo / EL TIEMPO

Donde ponen las garzasDetrás de cada denominación de los inmuebles hay una historia y un proceso de escogencia. Donde ponen las garzas, Arcadas de Turingia y Pacangayaco, algunos de los más raros.

En el edificio Almodóvar, en Rosales, no viven ni mujeres al borde un ataque de nervios ni travestis despechadas que doblan canciones de Chavela Vargas o Luz Casal.

Tampoco hay rasgos de sus pueblos homónimos, perdidos en los agrestes paisajes españoles. Su puerta de piedra la cuida, sin embargo, la escultura de una pantera que parece estar alerta al
mínimo ruido de tacones lejanos.

La constructora que lo hizo hace más de 15 años ya no existe y nadie recuerda el por qué de la denominación. Tal vez a muchos ni les importe. Lo cierto es que el mosaico de nombres que tienen los edificios de la capital va desde lo concreto hasta lo sinsentido.
Eso sí, sea sencilla o significativa, cada uno tiene su historia.

Antes de 1996, cuando se dio el pico más alto en el desarrollo de grandes edificios y conjuntos multifamiliares en los 90, y no había tanto afán de vender mundos estilizados como los propuestos por Central Park 43 o Ciprés de la llanada, los bautizos se hacían de una manera más silvestre. Carlos Alberto Agudelo, miembro de la junta del Grupo AR recuerda cómo su papá le puso nombre a uno de los edificios de esa constructora: "El proyecto, que consistía de dos torres, se llamó Miguelines en homenaje a sus papás, Miguel e Inés".

Algo similar le ocurrió a los primeros desarrollos de Luis Carlos Sarmiento Ángulo. Tomó el nombre de sus hijas y les antepuso 'Villa', creando así un reguero de vástagos de ladrillo y concreto por la ciudad: Villa Sonia, Villa Claudia y Villa Adriana . Fernando Mazuera decidió irse por la inicial de su apellido para nombrar sus proyectos: Macana, Maguey y Madelena son algunos ejemplos.


Los topónimos modernos


Así como Belalcázar y Jiménez de Quesada recurrían a nombres traídos de sus tierras lejanas para llamar a las ciudades y villas o adoptaban como podían los de las lenguas nativas, los nuevos colonizadores -los constructores- buscan que los de sus edificios o conjuntos signifiquen algo que sea un gancho a la hora de vender y que genere recordación en los indecisos compradores de vivienda.

El lingüista José Ignacio Henao, que estudia la toponimia (estudio del origen y significación de los nombres propios de lugar) de Antioquia, explica citando otros autores que "esos nombres tienen un doble modo de significar que se superponen: el inmediato, al identificar una realidad, y el mediato, al hacer alusión a unos rasgos descriptivos, a una categorización de los objetos del mundo".

Henao considera que en la mayoría de nombres de inmuebles hay una nostalgia por el campo, por lo verde: rinconcitos que quieren escapar del cemento. De ahí que muchos hagan referencia al nombre de árboles, de haciendas (aunque estén en la mitad de la ciudad) o de recursos naturales, como por ejemplo El Bosque, Los Abedules, Pradera de Fontibón y Bosque de la colina, entre otros miles.

Otra de las alusiones comunes son a lugares europeos, sobretodo las que tienen estructuras medievales -españoles, italianos y franceses- como es el caso de Alcalá Real, Toscana, Los Cárpatos o Versalles Real - o lugares exóticos, como Nepal, Tikal o Borneo.

"Hay mucho esnobismo con el tema, y esos nombres rimbombantes equivalen a decir 'esto es como una obra de arte, esto es como en Europa'", cree Carlos Alberto Agudelo.


En busca del nombre perfecto


A la hora de nombrar un proyecto, las constructoras se lo toman en serio. Grupo AR y Amarilo, por ejemplo, comienzan la concepción del inmueble y la elección del nombre casi al mismo tiempo. Así se les da personalidad propia y se puede empezar a realizar todo el proceso de mercadeo, creándoles una imagen.

Ambas compañías dicen que optan por nombres puramente denotativos, que hagan referencia inequívoca al lugar donde se encuentran y al tipo de proyecto. Por ejemplo Parque Central Salitre, de AR, ubica al comprador en un barrio y describe que se trata de una unidad con una plaza central, que es más familiar.
"Con el solo nombre ya tiendes a imaginarte cómo es el sitio", agrega Ernesto Peláez, gerente del grupo.

Los nombres también pueden llevar apellidos como 'reservado', que orienta a cierto estrato sobre las especificaciones del proyecto, explica.

María Cala, gerente comercial de Amarilo, cuenta que en el proceso de nombrar se investiga algo del entorno, como su vegetación o los usos anteriores. Sin embargo, no siempre funciona lo que se encuentra. "El amarrabollo es un árbol muy bonito y común en algunos sitios, pero nunca se podría usar en un proyecto. Usualmente buscamos palabras agudas, cortas, con impacto".

Cala agrega que a las personas de estratos altos no les gusta que los edificios tengan nombre. Por eso, su empresa comenzó a utilizar números, corriente de moda hoy en casos como 8817 y 9010A. "El edificio Rosales 4 -79 se llamaba así para la publicidad, pero ya no tiene nombre", explica .

Sin embargo, Cusezar, por ejemplo, vende por estos días a Matisse y Mondrian, proyectos que prometen "vida con estilo" y "espacio con expresión". La constructora no quiso referirse a la escogencia. También en la NQS con 96 se ofrece comprar en el edificio Oporto, que es "solo para catadores de espacios exquisitos".

Los administradores también se toman a pecho el nombre. En una reciente reunión de los habitantes del edificio Bali, en la 117 con Suba, el encargado del inmueble les recomendó a los vecinos, con una circular, pronunciar bien el nombre del conjunto: "Recuerden que somos Bali, no Balí, hagamos respetar nuestro nombre", expresó en alusión a la isla de Indonesia.

Peláez dice que la gente termina hablando en muchas ocasiones del proyecto inmobiliario donde vive y no del barrio o la dirección. Habría que preguntarles a los habitantes del edificio Donde ponen las garzas. ¿Dónde? Donde ponen las garzas.


Los más curiosos

Edificio Donde ponen las garzas. Recordado refrán que hace referencia a un lugar desconocido.

Edificio Arcadas de Turingia. La primera palabra puede hacer referencia a un conjunto de arcos o al movimiento previo al vómito. La segunda, un estado alemán.

Edificio Pacangayaco. Ni en Google aparece una entrada acerca de esta palabra.

Edificio Ana María. Según las Páginas amarillas, cinco llevan este nombre común.

Edificio Pen House. Así, separado. La casa del esfero.

Conjunto residencial Abadía de los Lores. Los lores viven en castillos. Las abadías son regidas por un abad.

Conjunto Residencial Campo David. Comparte nombre con la finca del Presidente de E.U.

Edificio Oikos. En griego, hogar.

Oasis de la sabana. Según la Real Academia de la Lengua, oasis es un sitio con manantiales en los desiertos de África y Asia.

Costa Rica. Todo el calor del trópico en Chía.

Conjunto Atochico. ¿Será hato?
CAMILO SIXTO BAQUERO M.
REDACTOR DE EL TIEMPO
cambaq@eltiempo.com.co


http://www.eltiempo.com/bogota/2008-05-25/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4206379.html
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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