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¡Uffff, por fin, crei que no llegaba!
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En efecto, crei que no llegaba. Y la verdad es que no es fácil culminar la lectura de este ‘lobo’. Me ha parecido una obra pesada de leer –en bastantes ocasiones me ha aburrido ad infinitum-, como a DAR me parece antigua y anacrónica....
Sin embargo he descubierto el porqué de su atractivo sobre ciertas personas. La razón por la que yo estaba interesado en leerla –a diferencia de mis contertulios es la primera vez que me enfrento al texto- estribaba en la influencia que se decía tenía sobre los adolescentes hasta el punto que, no sé si recordaréis, un famoso crimen cometido por un adolescente sobre sus familiares más directos lo achacó el mismo criminal al influjo que sobre él tuvo la lectura de la obra que comentamos. ¿Qué cosa habrá en tal obra que incita a cierto lector a cometer crimen tan horrendo? –me he preguntado hasta el momento presente. Y por fin he dado con la respuesta: el criminal era un malísimo lector que, adolescente como era, no acabó el libro que comenzó –puro aburrimiento, quizá- sucumbiendo en las primeras 100 páginas en las que Hesse se las ingenia para mostrarnos a un Harry Haller tedioso, masoca y depresivo.
En efecto si lector tan inmaduro como el adolescente criminal hubiera culminado la obra seguramente no habría dado tan fatal paso. Porque Hesse nos muestra en un momento crucial de Europa –el periodo de entreguerras (concretamente 1927)- que había aún esperanza, que por muy terrible que sea la naturaleza humana, por mucho que los hombres lleven en su interior cada uno lobo estepario había posibilidad de salir del agujero, que la guerra que vendría era posible evitarla si en un ejercicio de introspección nos analizáramos nuestra psique (psicoanálisis tan de actualidad en ese momento).
Convengo con DAR en que si la forma novelesca es tediosa y antigua, sin embargo la ideología que se nos muestra conserva plena validez, salvedad hecha del terrible fracaso de la ideología marxista. Me refiero en concreto a la necesidad de aunar en el interior del ser humano el mundo de Mozart y el mundo de Pablo, el mundo de la fiesta y el mundo del espíritu. Creo que la reflexión e indagación sobre esta doble naturaleza del ser humano es algo muy presente en la cultura alemana de ese momento (Thomas Mann en “Dk. Faustus”, por ejemplo). Sobre la salida dada a este problema tan alemán convendría echar un vistazo a las opiniones de Steiner sobre cómo era posible que la grandeza de Wagner conviviese con la vileza de los hornos crematorios nazis. Es evidente que el asunto está lejos de haberse resuelto.
Estoy con Aglaia en que el culturalismo presente en la obra es inmenso (en especial el referido al mundo de la música, aunque observo que a ti te gusta mucho más la poesia de Novalis o de Rilke), y que a nuestra edad [me arriego a aventurar que ya no somos polluelos] gozamos reconociendo tras los textos estas referencias culturales cosa que no te pudo ocurrir, Aglaia, cuando la leíste por primera vez, ¿no es eso?
Y me parece sugestiva la idea lanzada por DAR cuando tilda a “El lobo estepario” como el Antiguo Testamento del movimiento hippy. Es posible, sí señor. Y en tal sentido Allen Ginsber, Kerouac o Burroughs podrían ser tenidos como los apóstoles de la Buena Nueva. Lástima que cuando el “colocón” se generaliza y se convierte en una de las muchas mercancías capitalistas, la intención liberadora inicial que tanto sirve a Haller en la novela quede en un muy segundo plano oculta bajo los fuertes sones repetitivos del bakalao.