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Por alusiones |
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Una nota sobre lo que tú llamas "la inconsistencia en tus criterios de interpretación" (¡uf!) y que dices que te critico por sistema. Bueno, dos notas. La primera es que no lo hago por sistema. Lo hago siempre que me parece adecuado. ¿Qué culpa tengo yo de que siempre me parezca adecuado? La segunda, que es a lo que iba. Me sorprenden tus "criterios de interpretación". Me sorprenden en el buen sentido: me resultan curiosos, me intrigan, e incluso me fascinan o me admiran. Parece que buscas siempre a la persona: buscas a la persona por debajo del autor, y a la persona por debajo del personaje. Me sorprende ver que los demás buscan en la literatura algo diferente a lo que busco yo. ¿Qué busco yo? No lo sabría decir, pero desde luego no busco personas. Las personas las busco (o las evito) en la vida real. Sólo cuando la presencia del autor se hace excesiva (caso de Marías) o cuando un personaje me despierta una simpatía o antipatía especial, me fijo en las personas. Concretando, que en este caso significa hacer referencia a "El lobo estepario": respeto tus sentimientos acerca de la personalidad del personaje. Los sentimientos son siempre muy respetables. Sólo quiero indicarte que la personalidad del Harry juega en la novela un papel muy poco importante. Es cierto que puede calificarse como personaje "plañidero", pero lo que creo que el autor, serio y alemán (o serio por alemán, o alemán y por tanto serio), quería poner de manifiesto en ese personaje no es un aspecto de la personalidad, sino una actitud vital, un juicio o una reacción acerca de la civilización y la cultura que en realidad es el resultado de una reflexión, de un razonamiento, más que de un sentimiento. Es decir: lo de menos es que Harry llore, lo importante es que la civilización hace llorar. ¿No te parece?
Aullidos lobunos. (Aullidos->Ginsberg->hippies: reincidiré en el tema).
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Al borde del sepulcro, con los pies colgando |
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Dar, querido Dar...
No vayas a semejarte tú, ahora, al viejo ingeniero que se la pasa diciéndome de cosas y retorciendo todas mis palabras. La fiebre, derivada de una fea amigdalitis que arrastro desde hace un mes porque no tengo tiempo de curarla como Dios manda, me consume y me hace desvariar. Yo no sé lo que busco en la literatura, sé que me place enredarme en discusiones bizantinas con más frecuencia de la debida y que, cuando mi pasatiempo –entiéndase clickeas en general, me obliga a caracolear sobre letras que no me son especialmente gratas, como es el caso presente y fue el anterior, intento buscar ángulos ligeros que me permitan ahorrarles (ahorraros) las maldiciones que la lectura me provoca. Pero, en fin, seamos serios y discutamos, pues, sobre eso que tanto parece interesarte, la decadencia del mundo y sus alrededores. Convengo, por supuesto, que “El lobo...” es símbolo y signo de una época, que Hesse pretendía evidenciar con ella el disgusto que la Europa de posguerra le provocaba, la descomposición de los valores tradicionales y la inercia de una sociedad ahíta de casi todo y convenientemente establecida en un impasse del tipo laissez faire, laissez passer. Supongo que, en este sentido, puede considerarse al lobo una especie de protesta airada y sin tiempo que sirvió a los lectores de su generación y sirve a los de nuestra. La literatura ofrece, de tiempo en tiempo, ejemplos parecidos. Zola lo consiguió, años antes que Hesse, con “Germinal”, los epigramas de Marcial con la Roma de su tiempo y el “realismo sucio” con la sociedad americano-gringa de mediados de los ochenta. Finalmente, esto, sólo significa retomar aquella vieja máxima de ¿Sthendal? Que venía a decir que “la novela es un espejo que refleja lo que pasa a lo largo de un camino”. ¿Qué diferencia a “El lobo...” del resto de los ejemplos que te cito? Pienso que la forma en que Hesse se adentra en los laberintos del alma humana y, para desgracia de la humanidad, el alma –en quienes la tienen – se repite constantemente a lo largo de lo siglos, por eso el hombre comete las mismas estupideces una y otra vez, por eso los lectores de hoy, lo mismo que los de los años setenta, se reconocen en Haller, y con el se identificarán, seguramente, los que lean –si para entonces se lee- en el año 2100. Y éste, precisamente éste, es de todos los aspectos que critica Hesse a la sociedad de su tiempo el que más me interesa. La desculturización de las masas, el escaso amor a la letra escrita. Si Hesse resucitará en nuestros días tengo la certeza de que regresaría corriendo a su sepulcro. “aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo (...) con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial, con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro (...) el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado” ¿”El lobo...” precursor de la època hippie, Dar? No, niño, precursor de la nuestra en todo caso. Nada que ver el gusto por matar y rematar de la última parte de la novela con aquello de “haz el amor y no la guerra”. No, no, insisto. Estos son los días del lobo no tú nostálgico recuerdo de la beat generation. Y, para terminar, permíteme citarte un verso escrito en uan situación parecida a la que se escribió el lobo algunos más tarde, después de otra guerra...
“Dejad de matar a los muertos, no gritéis más, no gritéis si aún los queréis oír, si esperáis no morir. Tienen un imperceptible susurro, no producen más rumor que el crecer d e la hierba alegre donde no pasa el hombre”. (Giuseppe Ungaretti)
Y puede que los muertos sean Goethe, Novalis, Nietzche, Demócrito, Novalis... y puede, Dar querido, que seamos nosotros mismos, sentados al borde de la sepultura con los pies colgando ¿hacia dentro?...
Feliz sábado. Aglaia
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Settembrini
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8/06/2001 18:26
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¿Se puede? |
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¿Pero por qué no me querrá esta mujer? ¡Si soy un pedazo de pan! En fin, beberé para olvidar...
Sobre Hesse, sólo quería decirles que me han impresionado. Prometo participar en la lectura de la próxima obra que propongan; me temo que en este caso he llegado un poco tarde.
Sólo quería sugerirles dos temas que apenas han mencionado: la influencia del pensamiento oriental en la obra de Hesse (y concretamente en el Lobo, aunque es más obvia en "Siddharta"), así como la posible influencia de ideas procedentes de círculos masónicos, con todo lo amplias y ambiguas que estas puedan resultar. Ya sé que este último comentario puede no parecer muy serio, pero si han leído "Viaje al Oriente" comprenderán que Hesse maneja cierta terminología y ciertos conceptos habituales en ese extraño mundillo. Esto nos llevaría al carácter ciertamente esotérico o hermético de muchos pasajes de nuestro autor.
Confío en que esto les sugiera alguna reflexión adicional. Lamento no ofrecer más que esbozos de ideas o impresiones generales, pero hace tiempo que leí la novela y no he vuelto a reflexionar detenidamente sobre ella. Les vuelvo a prometer que pueden contar conmigo en su próxima lectura, y que trataré de estar a la altura de sus profundos comentarios.
Da gusto encontrar rincones así en la Red.
Vale.
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