Rodolfo Carmona    mapaterri@terra.es Fecha  21/03/2002 00:58 
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Volver al foro Responder Hay mil estrellas detrás de una mimosa   Admin: Borrar mensaje
 
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Hay mil estrellas detrás de una mimosa, mil gotas de sol sobre su universo de ramas. Hay todo un Big Bang en su alocado estallido de color. Un océano entero soñando la primavera.
Cuando escribo no aspiro a la literatura sino a la naturaleza. Nadie se pregunta si le faltan o le sobran dos pétalos a una rosa. No busco la perfección de una metáfora, ni la atrevida anáfora de una paradoja. No lo busco. Sencillamente aspiro a ser como esa mimosa que ahora contemplo: belleza inhóspita, olor sensual y sexual, palabra exacta, nombre y adjetivo al mismo tiempo, quietud y movimiento.
Aspiro a ello. Lo cual no significa que lo consiga. Pero lo busco casi con violencia. Con la vehemencia del que se deja todo un sueño en el intento.
Está la tierra entera resumida en esa comunión de amarillos y de verdes. Está todo lo que importa en ese aparente equilibrio que nace del azar más absoluto. Dios no es más que libertad; libertad de elegir la luz allá donde se encuentre. Persigue la mimosa la luminosidad del cielo, evoca su presencia fuegos de artificio y alegría. En los días brumosos el sur entero se hace coordenada y geografía, cuando anda el sol enamorado de la niebla queda el árbol aterido de tristeza. Pero.. ¡qué tristeza!
No quiero escribir los versos más tristes esta noche, como Neruda. No quiero. Está la mañana tan repleta de aciertos, está tan azul el sentimiento de la hierba que es imposible no reír granadas y ventanas. Es imposible.
Está el aire sordo, está la ternura sesteando su cansancio, está el cachorro acurrucado en la mañana. Está la guitarra pulsando su sosiego entre los dedos, está la música dejando al descubierto sus deseos. Está lo contemplando haciéndose mirada, está lo susurrado trocándose grito, afirmación, desnudez completa. Está desbocada la armonía, está lo lunar en lo terrestre, han cambiado las hadas de lugar el paraíso. Es el sur el templo de los graves; los agudos se desplazan hacia el este buscando la caricia del mar. Y una batuta deja soñar un clarinete en esta hora.
Aletea un niño por la fruta. Un niño que supo ayer lo de tu infancia. Viste la nieve del color que le dijiste. Esconde la palmera el rito de los dátiles, el aceite feliz de los desiertos. Murmura la gente la belleza, murmura sobre el delfín de los paseos, sobre esa campana que todo le conmueve. Murmura y calla.
Dos fotografías gastadas es la única memoria que pervive. Dos fotografías de un tiempo que te engaña. Un tiempo que juega a ser pasado. Un tiempo que es presente sin saberlo. No llega la muerte puntual a la mortaja. No llega la muerte. No llega. Y grita. Y llora. Es hora de decir ya las verdades. No estás vivo porque mueras o creas morir por las mañanas. Se está vivo porque hay un beso en cada higuera, un abrazo en las esperas, un te amo aquí y ahora sobre el mundo. Se está vivo porque un misterio renueva el sol y las estrellas. Y tu, alguna vez, te has tumbado boca arriba a contemplarlas.
Repite la melodía, no se cansa. Sube, baja, entra, sale. Llega su rumor, llega. Anticipa lo invisible, lo intuido hace apenas un segundo. Estalla. Estalla ahora. Se presenta florido y exultante lo que siempre has sabido. Me detengo. Callo. No respiro. No soy nada y te beso y te escribo para no ser literatura sino naturaleza.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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