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El último encuentro: Melancolía
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A mi parecer, la obra destila una fuerte melancolía, o más bien nostalgia, por un tiempo que fue y que se ha perdido. Una nostalgia por una época (el final del siglo XIX) en la que los valores como el honor, la fidelidad a los ideales o la dignidad aun no se habían desmoronado con el propio Imperio. Creo que eso es evidente para el general, pero también para los otros protagonistas: para Konrád, que traiciona a su amante porque en el último momento se da cuenta de que no puede matar al hombre al que llama amigo; para Krisztina, que conserva suficiente dignidad para morir antes que humillarse; para la madre del general, para su padre. También en las descripciones: especialmente ilustrativa, la descripción de la Viena de su juventud que conserva en su mente el general (capítulo 8). ¿Tiene todo esto algo que ver con el hecho de que Sandor Marai se exiliara de su patria muy joven, y no volviera nunca a ella? Es arriesgado pronunciarse sin más información, pero yo creo que sí. Parece que el que vuelve a ver su patria como si la viera por primera vez, tal y como lo hace el padre del general al volver de París con su esposa, es en realidad el propio autor.
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Re: El último encuentro: Melancolía
Como dice Luzhin, la obra destila melancolía en casi todas sus páginas. Esa melancolía no se manifiesta necesariamente en los personajes sino en el contexto general de la narración y sobre todo en la evocación de ambientes. Marai tiene una aproximación nostálgica, casi enfermiza, me atrvería a decir. No hay vitalidad en su obra, no hay alternativa. El general descubre que debe conformarse con lo que es y renunciar a lo que quisiera ser. Ahí hay mucha amargura, una amargura racional pero no meláncolica. Quizá sea demasiado aventurado suponer (sólo a partir de una novela) que el autor no consiguió el conformismo abúlico de su personaje como explicación a su suicidio. Pero la obra no ofrece soluciones, es pesimista hasta el extremo...