Aaglaia     Fecha  31/05/2001 02:45 
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Volver al foro Responder "El lobo estepario": Aspectos no literarios (s/t)   Admin: Borrar mensaje
 
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 Girly B.     E-Mail Web Admin: Borrar mensaje Fecha  10/08/2008 15:08      Responder a este mensaje Volver al foro
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Holaaaaaaaaaaaaa!!!!
Hola! Mi mail es girlyneena hotma..
agregadme para hablar si sois mayores de edad..
Tambien estoy registrada en
http://tinyurl.com/girlyneena
podemos hablar por ahi, es gratis el registro.
Besitosss


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 Queenguinevere     E-Mail Admin: Borrar mensaje Fecha  13/06/2001 09:42      Responder a este mensaje Volver al foro
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Re: "El lobo estepario": Aspectos no literarios
Estimados co-lector@s,

Agradezco los detallados análisis sicólogicos, filósoficos y sociólogicos que habés apuntado en vuestras intervenciones. Desde cierta ignorancia inicial, me atrevo a compartir vustras conclusiones.

En otro sentido quería destacar el tratamiento de la música en 'El Lobo Estepario'. Harry y Hermann están dotados de una profunda sensibilidad musical centrada sobre todo en Mozart y Händel y todavía más especialmente en los oratorios y música sacra. Es ahí donde el alma se ve acariciada por las más profundas de las caricias metafísicas y donde el ser humano se puede acercar más a una comprensión a través del arte. En la mayor tradición cultural alemana y en su versión más contestataria y refinada, Harry rechaza la música ligera que se 'dirige a los sentidos del cuerpo' y 'enmudece el espíritu'. Pero sus nuevos gurús Armanda, María y Pablo le irán adentrando en los goces de la sensualidad, demostrándole que por ese camino se llega también al conocimiento, aunque al final el conocimiento siempre es el mismo, y aunque la mayoría de las veces ambos caminos se quedan sin recorrer.

Queenie


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 Lancory     Admin: Borrar mensaje Fecha  4/06/2001 20:40      Responder a este mensaje Volver al foro
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El psicoanálisis
El psicoanálisis

En el momento de escribirse la novela hacían furor las teorías psicoanalíticas de Doktor Freud y su discípulo Carl Jung. En efecto la escisión del ser humano en dos, su parte espiritual y su parte personal, defendida por Jung; y la dificultad en algunos sujetos (aquí Harry Haller) de casar ambas personalidades es el asunto que subyace al relato de Hesse.

Cuando el escritor alemán escribió en 1928 esta novela lo que hizo fue presentar un caso práctico de personalidad dicotómica mal casada. A través de la inmersión en el propio sujeto –método sicoanalítico- y la ayuda de ciertas drogas conseguirá pacificar o al menos reconducir esta doble personalidad humana, que, a través de la metáfora del ajedrez, se escinde en una pluralidad de figuras; el hombre lo que debe hacer es conocer esta prolífica personalidad y proyectar al exterior una, resultado de la suma proporcional de todas ellas. Si una predominase sobre las otras entraríamos en el conflicto síquico personal, en la enfermedad.

Esta misma dualidad, la puramente espiritual y la corporal, también serían objeto de tratamiento en la siguiente obra de Hesse: “Narciso y Goldmundo”, para mi gusto novela mejor acabada que ésta al situar la parte espiritual en un ámbito más propio cual es el de dos monjes.

Pero sea en “El Lobo estepario”, sea en “Narciso....”, el hecho es que la problemática y su diagnosis clínica se ven “antiguas”, han envejecido mal. Y no porque Jung y el sicoanálisis en general hayan quedado obsoletos, no, más bien al contrario: su difusión y generalización es tal que parece nos encontremos con una novela de los años 60 salida de una mente y pluma argentinas.

Lancory

PD. DAR no he leido tu aportación. Cuando la lea y medite ya diré algo sobre ella




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 DAR     Admin: Borrar mensaje Fecha  4/06/2001 18:49      Responder a este mensaje Volver al foro
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Trasfondo ideológico
En mi opinión el trasfondo ideológico contra el que se recorta la silueta del lobo estepario está construido fundamentalmente con materiales de dos tipos: filosofía nietzchiana y psicoanálisis.

La rebelión del lobo contra el conformismo burgués es típicamente nietzschiana, como lo es su fiero instinto vital, su búsqueda de lo auténtico. Y el individuo escindido en un “yo” humano y un “yo” lobuno, ese Harry Haller que alberga una indomable fuerza irracional contra la que el “yo” consciente tiene que defenderse continuamente, se corresponde perfectamente con la imagen del ser humano que concibió Freud.

Pero, hablando más en general, creo que “El lobo estepario” es un producto representativo de una época singular: la crisis de la razón de finales del siglo XIX y principios del XX. Una crisis que todavía no ha acabado, que todavía no se ha resuelto, y para la que no se han inventado muchas más soluciones que las que Hesse sugiere. Una época singular y una crisis singular, porque nunca antes se había cuestionado el edificio que el ser humano ha levantado mediante su razón, lo que podemos llamar cultura y civilización, desde el interior de esa propia razón, de esa cultura y esa civilización.

El imperio de la razón ha sido el objetivo que el hombre ha perseguido desde que es hombre. Dominar la naturaleza mediante la razón para hacer su vida más segura y confortable, y de ahí nace la ciencia, ordenar la convivencia mediante la razón, y de ahí nace la ley, crear belleza mediante la razón, y de ahí nace el arte. En el siglo XIX este objetivo parece plenamente conseguido (en la isla de civilización del mundo occidental), porque la razón parece haberse impuesto definitivamente a la religión y al absolutismo. La ciencia y la democracia están en el camino de transformar el mundo de manera radical y definitiva. Pero entonces algunos empiezan a darse cuenta de que la razón también produce monstruos. La democracia trivializa y vulgariza los valores; el progreso técnico como fin de en sí mismo deja de ser un instrumento al servicio del hombre y se convierte en un nuevo tirano que esclaviza y empobrece su existencia. El imperio de la razón se convierte en un nuevo absolutismo, del que surgen nuevos regímenes totalitarios: fascismo, marxismo. La crisis se abre, y es la peor de las crisis que ha padecido nunca la cultura, porque pone en cuestión su propia existencia. ¡Tanto camino recorrido desde que bajamos de los árboles y ahora resulta que quizá habríamos hecho mejor quedándonos allá arriba!

Freud analiza certeramente parte del problema. La cultura y la civilización se construyen sobre represión de los instintos, y esta represión no puede llevarse a cabo sin ningún coste. Freud no era un revolucionario, ni siquiera un rebelde; no quería destruir sino remozar. Diagnostica el problema y aporta la solución. Pero el mal ya está hecho, podríamos decir, porque su análisis del hombre como lobo amaestrado se incorpora irremediablemente a la visión que el hombre moderno tiene de sí mismo. Y es lógico que haya quien piense que el remedio contra los males que produce la represión de los instintos no pasa necesariamente por el diván del psicoanalista, sino que hay una terapia mucho más sencilla y barata: dejar de reprimirse. La liberación sexual, el eslogan del amor libre, es un resultado natural del psicoanálisis. Desde siempre habíamos sabido que el sexo es agradable, desde siempre habíamos deseado satisfacer el deseo sexual cada vez que se presente, con independencia de cualquier consideración moral. Pero nos reprimíamos porque pensábamos que eso es lo adecuado para el ser humano, para el triunfo de la cultura y la civilización. Después de Freud la cosa cambia. Reprimirse no es bueno. Existe una coartada ideológica, racional, cultural, para la promiscuidad sexual. E incluso puede considerarse como una terapia.

Debería acabar ya, debería haber acabado hace rato, pero todavía tengo que mencionar otro componente ideológico importante en “El lobo estepario”, sin el cual este análisis quedaría penosamente incompleto. ¿Puede haber una solución a ese “malestar en la cultura” que Harry Haller siente de manera tan concreta y aguda como si fuese un dolor de estomago? Hesse no propone una solución, porque para eso habría escrito un ensayo y no una novela. Pero tantea algunos caminos, y de ellos hay uno que tendrá después una gran trascendencia: la filosofía oriental. Cuando a uno se le presenta un problema con el que nunca se había enfrentado y que no sabe cómo resolver, uno de los recursos más fáciles es buscar a alguien que haya pasado por un problema similar e intentar aprender de la forma en que ha salido adelante. La cultura occidental enferma vuelve la mirada hacia la cultura oriental y trata de aprender de ella. Hesse explicita la enseñanza principal: en el individuo no hay un yo ni dos, sino una multiplicidad. Habría que argüir que la aplicación de esta terapia, sea bajo la forma de meditación, tai-chi o ingestión de psicotrópicos, puede aliviar, quizás, el malestar en el individuo, pero es muy dudoso que pueda aliviar el malestar en la cultura. ¿Qué hacemos con los nuevos totalitarismos, políticos o económicos, bajo la forma de fascismo o de globalización? Pues lo mismo, dice Hesse. Meditación, instrospección. Voluntarismo, en definitiva. Y esto es otro de las ideas de Hesse que se han incorporado a la mentalidad de grandes sectores de personas en el mundo civilizado: para que cambie la sociedad ha de cambiar cada uno de nosotros. Sólo cuando cada uno de nosotros sea mejor mejorará la sociedad. No esperemos que el problema de los residuos lo resuelvan las grandes multinacionales, que son quienes los fabrican, ni los gobiernos, a los que, al fin y al cabo, pagamos entre todos para eso, sino que la única solución pasa por la trabajosa recogida selectiva que cada uno debe hacer en su casa.


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 Aglaia     Admin: Borrar mensaje Fecha  5/06/2001 14:03      Responder a este mensaje Volver al foro
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Vértigo

“La tierra està enferma y el alma humana también. Estamos al borde de un abismo”
(Miguel Serrano, escritor chileno, admirador del nazismo)

Vértigo. El río que corre y nos arrastra porque, en verdad nos dejamos arrastrar. Vértigo que fusiona el yo indeseable producto de un mundo aún más indeseable con los impulsos más secretos del ser, los apetitos prohibidos... que funde las más altas pasiones con los más bajos deseos hasta desdibujar el personaje inicial, alienándolo. En realidad, creo que la novela no muestra otra cosa que el cataclismo físico y psíquico de Haller, su despersonalización a través del vértigo que lo obliga, una y otra vez a irse “pelando a sí mismo” como si fuera una cebolla –disculpas por lo prosaico del simil- Capas y capas del yo que van cayendo a medida que aumenta la desdicha moral del personaje arrastrado hacia los rincones oscuros de la vida y el conocimiento. Y al descubrirse deshumanizado , inútil en su humanidad, va descubriendo también que el mundo, ese nuevo mundo de posguerra anclado firmemente en el mito del progreso, en el mito del poder, es, como dice el tango “una porquería” espiritual, nacida del pensamiento tecnicista, belicista, aculturalista... de los veinte. El pequeño teatro para locos supone, entonces, la oportunidad de revalorizar los valores del espíritu a través de la integración de tendencias variopintas –contrarias a veces- en lucha perpetua por dominar el interior del ser humano –de Haller- Sólo que tal y como yo lo entiendo este posromanticismo “a la mode de Nietzsche” resulta algo así como difuso. Debe haber, supongo, mejores modos de quejarse contra el racionalismo supino y las tensiones sociales de una época que el de anular al yo. Cierto que esta parte de la novela refleja la experiencia personal del autor y sus sesiones con Jung, cierto también que la psicología me ha resultado siempre un terreno oscuro del que ni entiendo ni quiero entender nada y que, por tanto, puede ser mi pensamiento un desvarío. Prefiero, desde un punto de vista ciertamente romántico, ver a Séller y su lobo, como un producto de licantropía clásica involuntaria, que entabla una lucha entre la luz y las tinieblas al modo medieval –existen bellísimas historias de licántropos- enfrentados en el interior del hombre que busca un término ideal para sí mismo y el mundo que lo rodea (Ideal que a mi juicio no termina Haller de encontrar nunca). Heese es, por cierto, un escritor profundamente mesiánico, empeñado consciente y contumazmente en encontrar sendas de salvación que orienten a su desorientado mundo ¿Estaba realmente desorientado, me pregunto? Vías unilaterales, además, nacidas de lo más íntimo de cada individuo, salvar al planeta del caos a través del ordenamiento del caos individual de cada uno de sus habitantes. Lo encuentro excesivo. - Y ahora, Dar, puedes volver a repetir aquello de que ando yo siempre buscando personas debajo de la piel de los personajes. Uno de estos días vamos a tener que hacer una tertulia en torno a los arquetipos literarios- La cuestión es que no entiendo esa añoranza perpetua que se da en la mayor parte de los personajes de Hesse, siempre metidos en un camino de perfección que ya hubieran querido para sí los místicos barrocos. Pero es que,
además, es un camino impreciso, de contornos difuminados que no se sabe nunca hacia donde conduce. Que no ofrece serenidad, ni calma, ni siquiera resultados coherentes. En realidad, pienso, que en esa espiral de frenesí que mueve a Haller en la segunda parte de la novela se produce el proceso contrario al esperado y que en vez de un decálogo de perfeccionamiento interior, va escribiendo una oración a la desvalorización de todo lo que podía, de algún modo, ser aún grato y bello a los ojos del hombre ¿Se necesita, en verdad, destruir para construir? ¿No es, en este sentido, un texto poco pacifista? ¿Qué es más adecuado refugiarse en el entendimiento y asfixiar los sentidos, como sucede en al primera parte de la novela, o por el contrario, dar rienda suelta a los impulsos más viscerales del hombre, aquellos que lo asimilan a un lobo, y a través de la amoralidad alcanzar al perfección? Y, en ambos casos, lo único que resta es un hombre hastaiado de sí mismo, envuelto en un sinsentido, asqueado, desidioso e inseguro... No, no es un buen hombre, ni siquiera lo intenta, no me gusta su lucha, ni su filosofía ni su moral (que pese a todo lo tiene) Me gusta, únicamente, su modo de citar a Novalis.

Buenos días, feliz martes..

PS. Una terrible amigdalitis -que cualquier día de estos me lleva al sepulcro- me tuvo medio alejada de estos lares. Ya volví, me voy con todas sus letras a trabajar, proemto leerlos y ver que tontería se me ocurre contestarles esta noche. Muchos virus a mabos, espero se enfermen para que sane yo.


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