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Queenguinevere
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13/06/2001 09:27
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Estructura narrativa |
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Acudo a la cita con cierto retraso; pero, al fin he conseguido leer la novela.
Tras una introducción desde el punto de vista del burgués alemán medio, se cuenta el punto de vista de un vulgar intelectual incapaz de resolver la dicotomía entre su sensibilidad estética que y sus raíces socio-culturales. En el punto culminante, tras la ruptura con la sociedad bien pensante, simbolizada en la dulzona figurilla de Goethe, Henry tropieza con la esencia de la contra-cultura con la figura de Armanda como catalizadora. El final que pretende ser apoteósico no lo consigue y se queda en un cabaretesco expresionismo.
El ritmo de y la mecánica capitular son algo caóticos y el lenguaje, al menos en mi traducción, francamente deplorable.
Los personajes tienen cierto atractivo y son, a su manera, bastante convincentes. Henry debería haberse llamado 'pobre diablo' Armanda es Demian y María la Kahmala de Sidharta. Pablo es nuevo, debería ser el redentor del lobo, pero ese espérpentico personaje (mediante el cual a Hesse se le escapan demasiados comentarios racistas) no consigue el papel de redentor que se le había asignado.
En cuanto al ambiente he de decir que si bien pinta de una manera fehaciente la sociedad alemana de la época, no consigue imprimir un carácter universal a la descripción, y ello redunda en que lector@s como nosotr@s, distanciados sólo por unas cuantas décadas, tengamos una sensación de 'pasado de moda' 'anticuado' que nos hace más ajen@s al escenario que cualquier emplazamiento mucho más remoto en el tiempo y en el espacio descrito por cualquier buen autor.
Estas son mis impresiones en cuanto a la estructura literaria de la obra.
Queenie
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Homo homini lupus -el mito de la metáfora- |
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Recuerdo un pequeño fragmento de Maràis . El castillo envuelto en nieve. La nieve sembrada de lobos aullando, lobos hambrientos, hermosísimos, suplicantes de carne, temerosos de las antorchas y, pese a ello, intentando vencer el fuego, el miedo y los gritos de los hombres. Nada semejante, por supuesto, a este lobo homínido sobre el que la pluma de Hesse caracolea y que, más que lobo, parece un “viejo oso gruñón... tan tonto, tan insípido” Sin embargo toda la novela se pliega y se despliega en torno a esta metáfora de corte clásico que cumple, en principio, los postulados aristotélicos de la misma. Lo que, si me permiten (permitís) un pequeño tecnicismo al respecto, consiste “ en dar a una cosa un nombre que pertenece a otra cosa, produciéndose la transferencia (epi-phora) del género a la especie, o de la especie al género, o de la especie a la especie” (Aristóteles, ‘Poética’), que traducida en palabras de Hesse, de Harry más bien, puede leerse así: “Y, en efecto, si el mundo tiene razón (...) entonces soy yo él que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy en verdad el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente ni su alimento”. Simulación por analogía, transferencia de cualidades que va más allá de esa manida frase que tanto gustaba al viejo Rousseau: homo homini lupus –no estoy muy segura de que sea absolutamente correcto el homini- En realidad, el sentido peyorativo de la frase se refina en Hesse, para quien, el hombre, aumentaría su prestigio como especie de compartir algunas de las cualidades de los lobos hasta lograr una simbiosis perfecta que aúne el supuesto espíritu de una humanidad en decadencia, que se parodia a sí misma, con el animismo instintivo, salvaje, de la bestia. “Nosotros no matamos por obligación, sino por gusto, o mejor dicho, por disgusto, por desesperación del mundo. Por eso, matar, nos proporciona cierta diversión. ¿No le ha divertido a usted nunca matar?”, lo que le permite preguntarse cuál de los dos, hombre y animal, merece con mayor propiedad el calificativo de bestia. Pero no es , ésta, la parte de la metàfora que yo prefiero sino aquella con que inicia el texto, la que remite al olor. La que se olvida de las descripciones desesperanzadas de mundo y busca, junto a la araucaria, un oasis de paz –esto es cursi, ni modo- , “ese ser extraño, salvaje, sombrío, muy sombrío (... de) perfil agudo y fuerte, (...que levanta ) su cabeza afilada y rapada, y oliendo con su cabeza en derredor exclama: ¡Oh! Aquí huele bien.”... Es el perfume de la lejía, el olor de la cocina, de la falta de polvo, de la domesticidad pasada de moda, lo que permite al personaje “penetrar, por una rendija cualquiera, en este pequeño mundo pacífico y aclimatarse a él” abandonar las estepas de una civilización non grata y sentirse un poco menos lobo, dejar de ser como es, “un lobo estepario perdido entre nosotros, dentro de las ciudades, en medio de los rebaños”, misántropo, rudo, inquieto...
Cariños Aglaia
Ps. Voy retrasadísiam para todo hoy, al rato, en mucho rato, termino de hilvanar esto. Lindo día a todos los que, ya que no escriben, espero al menos lean.
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Re: Homo homini lupus -el mito de la metáfora- |
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Hola a Todos:
La frase es de Hobbes y evidentemente puede verse en la obra de Hesse. Sin embargo yo creo que el licántropo Haller lo es hacia sí mismo y no hacia los demás; aunque, en efecto, la metáfora del peligro que para cualquier hombre supone otro hombre también se explicita en la novela, si bien de manera contextual referido al momento de escritura. Concretamente en el relato se observa este doble tratamiento coincidiendo con las dos partes en que cabría estructurar la obra: la primera en que el solitario Harry Haller se ataca a sí mismo y está casi decidido a suicidarse y la segunda en que encuentra a Armanda, María y Pablo y su autodestrucción es reconducida hacia los otros (juego de la guerra).
Lancory
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