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No pasa nada, sin embargo la rana se ha zambullido.
Amanecer, también el grillo encuentra desasosiego.
Entre la niebla, el graznido del cuervo, rompe el silencio.
Noche estrellada, el croar de las ranas, todo en silencio.
En el remando, de pronto salta el pez y se sumerge.
Fuerte chasquido del sapo corredor, luz del ocaso.
Ágil, la rana, al taparse la luna, da un largo salto.
"¡Plop!, ¡plop!, ¡plop!, ¡plop!", las cuatro ranas verdes, la luna llena.
Transpone el sol, el lagarto ocelado, sale corriendo.
Sentado, quieto, el sapillo moteado mira la luna.
La luna llena, salta el sapo de espuelas, "¡plop!, el silencio.
Ojos de cobre, sale el sapo del agua, mientras gotea. Todo en silencio, el cuervo se sorprende, al ver la luna.
También el cuervo observa sorprendido caer la nieve.
Cuervo y cigarra, igual de sorprendidos, miran la luna.
El cuervo mira el cerco de la luna y echa a volar.
Al ver la luna, la rana se zambulle, hay más silencio.
Está lloviendo, el cuervo, sorprendido, se queda inmóvil.
Se espanta el cuervo, mas la fuente no cesa de manar agua.
Cae una hoja, la grajilla en el roble revolotea.
La tarde en calma espanta al arrendajo que echa a graznar.
Entre la bruma, el hombre de la boina desaparece.
Noche tranquila, ocúltase la luna, se asusta el sapo.
Quieta la rana en la charca profunda, anocheciendo.
Tarde de estío, tiembla la rama seca, tirita el cuervo.
El cuervo grazna, sigue cayendo nieve, sobre la aldea.
Nogal sin hojas, un cielo encampotado, grazna la graja.
Luna de invierno, el aullido del lobo, suena lejano.
Sale la aurora, y roncha la lechuza, entre la lluvia.
Entre dos luces, el graznido incesante del archibebe.
Un espantajo y el ronco ladrido de la avutarda.
Entre dos luces, se espanta la carraca del espantajo.
Por el otero, se oye el fino chirrido del viejo halcón Nota raspante, seguida de un silbido, entre la niebla.
El sol se pone, un grito rechinante, vuelo del águila.
Últimos rayos, lastimoso maullar del ratonero.
Sale la luna cuando el rascón se oculta, entre carrizos.
La vieja grulla estira el largo cuello, sale la luna.
Transpone el sol y la grulla sisea, entre carrizos.
Puesta de sol, el maullido apagado del arrendajo.
Desconcertado, cuando cae la tarde, el combatiente.
Llega la sombra, en el lejano bosque, la chocha croa.
Luna menguante, el canto lastimero del quieto cárabo.
Luna creciente, el mochuelo se agacha, sobre la rama.
Vieja lechuza de vuelo vacilante, en el crepúsculo.
Perfil de autillo, con su canto monótono, bajo la luna.
Posada en tierra, se inclina la lechuza, despunta el alba.
Perfil de búho con sus largas "orejas", luna redonda.
Se va la noche, el agudo ladrido de la lechuza.
Vieja lechuza, "palmoteo" de alas, se va el ocaso.
Rayando el día, graznidos y gemidos del búho chico.
Luna redonda, con voz amodorrada canta la tórtola.
Noche sin luna, el críalo cacarea, desde la oliva.
Relincha el pito, en el frondoso bosque, puesta de sol.
Se va la tarde, antes de que el jilquero pueda posarse.
Gruñe la espátula, cuando se pone el sol, por la marisma.
Llega la sombra, el jilguero se oculta en la espesura.
Entre dos luces, se agacha en el trigal, la totovía.
Despunta el día, el cárabo asustado, levanta el vuelo.
Huye asustado, el cuervo de la copa, llega la noche.
Se poen el sol, el porrón se zambulle, en el remanso.
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