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Entre los morros, zizaguea el camino, rayando el día.
Relampaguea, la sombra sobre el prado, primeras gotas.
Rayando el alba, la gota de rocío ha resbalado.
Cae la gota, desde la estalagtita, sobre la charca.
En la montaña, mientras despunta el día, relampaguea.
Solo el matojo, sobre la vasta duna, a mediodía.
Las vastas dunas, las montañas lejanas, el cielo azul.
Sombra alargada, enmedio de la duna, sólo una piedra.
Ola borrando la pisada en la arena, despunta el día.
Cae la piedra, sobre el fango marrón, en el crepúsculo.
Cae la tarde, la sombra del bambú en la escalera.
Luna redonda, rumor de olas blancas, rayando el día.
Puesta de sol, sobre los verdes pinos, canto del buho.
Rayando el día, las sombras sobre el agua de los bambúes.
El pedregal, entre yerbajos secos, en el crepúsculo.
La roca sola, enmedio de la mar, en la distancia.
El sol se pone, por el confín del mar, una gaviota.
La hoja seca, en la orilla del lago, se balancea.
Por el riscal, el sol se va poniendo, llega la sombra.
Cuesta empinada, viejo tronco de olivo, cae la tarde.
Entre la nieve, tres tocones de olmo, y un rebrote.
Cae la tarde, silueta de bambúes, sobre la alberca.
Piedras dispersas y matojos de esparto, entre dos luces.
Junto a los juncos, la rana se zambulle, quiebra las sombras.
El viento tumba los tallos de asfodelos, en la colina.
Sobre la "lancha", una torre de piedras como testigo.
Detrás del prado, las crestas montañosas, bajo las nubes.
El tronco flota, vasta laguna en calma, en el crepúsculo.
La luna llena, casi toca la cima de la montaña.
Sobre la mano, dos polluelos de cuco, rayando el día.
José Lara Ruiz
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